El Centinela: El Wendigo

por C. G. Demian

Una de las primeras apariciones de un personaje inspirado en el Wendigo en la literatura es el cuento de Algernon Blackwood de 1910 titulado homónimamente El Wendigo, que fue incluido más tarde en los Mitos de Cthulhu. La obra de Blackwood ha influido en obras posteriores de terror, como La cosa que caminaba sobre el viento (1933) e Ithaqua (1941) de August Derleth, que, a su vez, inspiraron el personaje de la novela de Stephen King Cementerio de animales.

Pero el mito del Windigo, Wendigo o Witiko no es una invención de Blackwood, este lo recogió ─y adaptó─ de las culturas asentadas en Canadá, la costa noreste de Estados Unidos y las regiones de los Grandes Lagos. Existen docenas de tribus repartidas en estos vastos territorios, denominadas algonquinas en su conjunto, entre las cuales se encuentran los cree, los ojibwe y los innu, lo cual explica los diferentes matices y representaciones otorgados a esta criatura en diferentes lugares.

El Windigo es una especie de espíritu con corazón de hielo y cabeza de fuego que se apodera de sus víctimas y les lleva a cometer actos de canibalismo. También puede representarse como una especie de ogro o como una criatura mitad animal mitad humano. La muerte del Windigo acaba con esta maldición para sus compañeros. A grandes rasgos, el Wendigo es una criatura humanoide y maligna que practica el canibalismo.

En algunos casos, los humanos son los que se transforman en esta criatura. El espíritu posee el cuerpo del caníbal, forzando al alma humana a salir. En el momento en que el caníbal es tocado por fuerzas sobrenaturales, es vencido por una náusea y dolor extremos y comienza a vomitar de forma incontrolable, durante horas. Finalmente, el caníbal pierde gran cantidad de sangre e, inevitablemente, muere. Sin embargo, el cuerpo sufre una transformación aterradora. Crece en fuerza y altura, brotándole una gruesa capa de pelo blanco. La fuerza y el peso del humano aumentan enormemente, obteniendo poderes sobrenaturales en el proceso.

La cabeza adquiere las características de una bestia depredadora, incluido el crecimiento de colmillos prominentes y dientes afilados. Las uñas de las manos y los pies se convierten en garras afiladas, completando la transformación. El caníbal es resucitado por el espíritu maligno, convertido en una bestia sedienta de sangre conocida como Wendigo. El parecido entre la transformación descrita en las leyendas amerindias y la producida en los hombres lobo de la cultura occidental es muy sorprendente.

Algunas leyendas consideran que las personas que cometen canibalismo se transforman en la bestia, mientras que otras consideran que, simplemente, puede sucederles a personas codiciosas en exceso, envidiosas o glotonas. También existe la creencia de que las personas poseídas por el espíritu de esta bestia pasen a transformarse en la misma.

Hay leyendas iroquesas y senecas, por ejemplo, que cuentan la historia de la Cabeza Voladora. La Cabeza Voladora es una gigantesca cabeza voladora, hambrienta de carne humana. En algunas historias, se trata de la cabeza maldita de una víctima de asesinato que busca una deliciosa venganza antropófaga. En otros relatos, es el destino que espera a las personas que se dedican al canibalismo. Muchas de las tribus athabaskanas, indígenas de Alaska, la Columbia Británica y el noroeste del Pacífico, contaban historias sobre el Wechuge, otro devorador de hombres, del que se decía que era el resultado de una persona dominada por viejos y poderosos animales espirituales.

Pero ¿qué parte de esta leyenda es real? Existe un trastorno mental propio de estas tribus amerindias de Canadá y Alaska. Este suele comenzar con una serie de síntomas en los que el sujeto siente que no le apetece comer. Tiene náuseas y vómitos ante la comida. A medida que avanza el proceso, pueden aparecer alucinaciones e insomnio. Si el estado del afectado no mejora, la persona y su entorno comienzan a creer que está poseído por el Windigo. Para evitar que se completase la posesión, el sujeto solicitaría a su tribu que acabase con su vida.

Existen algunos casos documentados de esta enfermedad, los más antiguos datan del siglo XVII y fueron transcritos por misioneros jesuitas franceses. Este es un extracto de una crónica de 1661 en donde se narra la voracidad de estos enfermos:

Lo que más nos preocupó fue la noticia que recibimos al entrar en el lago, a saber, que los hombres designados por nuestro conductor para convocar a las naciones en el Mar del Norte y asignarles un punto de encuentro, donde debían esperar nuestra llegada, habían muerto el invierno anterior de una manera muy extraña. Esos pobres hombres ─según el informe que nos dieron─ estaban afectados por una enfermedad desconocida para nosotros, pero no muy inusual entre la gente que estábamos buscando. No están afligidos ni por la locura, ni por la hipocondría, ni por el frenesí; pero tienen una combinación de todas estas clases de enfermedades, que afecta a su imaginación y les provoca un hambre más que canina. Esto los hace tan voraces de carne humana que se abalanzan sobre las mujeres, los niños e incluso los hombres, como verdaderos hombres lobo, y los devoran vorazmente, sin poder apaciguar o saciar su apetito, buscando siempre nuevas presas, y son tanto más codiciosas cuanto más comen. Esta dolencia atacó a nuestros diputados; y, como la muerte es el único remedio entre esa gente sencilla para frenar tales actos de asesinato, fueron asesinados para detener el curso de su locura.

Otro caso llamativo sucedió a finales del siglo XIX y principios del XX y protagonizado por un miembro de la Primera Nación del Lago Sandy llamado Zhauwuno-geezhigo-gaubow y conocido por los europeos de la zona como Jack Fiddler. Jack era un chamán, un curandero sagrado con una habilidad especialmente codiciada: podía luchar contra los Wendigos. 
Jack afirmaba haber detenido hasta catorce Wendigos en su vida. ¿De qué modo? La eutanasia. Cuando la gente sentía que la maldición del Wendigo comenzaba a dominarlos, enviaban a buscar al chamán para que acabara con su vida antes de que pudiera hacer daño a alguien.

Con el cambio de siglo, las tradiciones tribales comenzaron a perderse, y cuando el gobierno canadiense conoció la existencia de un eutanasiador, no le entusiasmó la idea. Enviaron a la policía montada a investigar y descubrieron a una mujer que había sido estrangulada hasta la muerte para sacarle el espíritu devorador de personas. Jack y su hermano fueron arrestados por asesinato. Antes de ser ejecutado, el chamán se escapó de la cárcel y se suicidó. Las autoridades le habían concedido el indulto, pero su muerte llegó antes de que fuera informado de ello.

Swift Runner, ¿presa del mal del Wendigo?

Uno de los casos más famosos de psicosis por Wendigo es el de Swift Runner y su familia. Estaban muriendo de hambre, y su hijo mayor falleció. Se hallaban a cuarenta kilómetros de distancia de los suministros de alimentos de emergencia en un puesto de la Compañía de la Bahía de Hudson. Sin embargo, Swift Runner descuartizó y comió a su mujer y a los cinco hijos que le quedaban. Al recurrir al canibalismo a tan corta distancia de los suministros, y matar y consumir los restos de toda su familia, se reveló que el de Swift Runner no era un caso de canibalismo puro, fruto del instinto de supervivencia para evitar la inanición, sino el de un hombre con psicosis por Wendigo. Finalmente confesó y fue ejecutado por las autoridades en Fort Saskatchewan.

Podemos relacionar de nuevo al Wendigo con la licantropía, esta vez a nivel médico, pues este trastorno podría estar relacionado con la prionopatía, al igual que en el caso de los hombres lobos (hipertricosis). Las enfermedades priónicas, que se pueden transmitir mediante el canibalismo, producen fallos neurológicos que podrían dar lugar a conductas agresivas. Esto podría explicar la locura que se asocia al Wendigo y su relación con la antropofagia.

La frecuencia de los casos de psicosis por Wendigo disminuyó drásticamente en el siglo XX a medida que las personas algonquinas tuvieron un mayor contacto con las ideologías occidentales y con estilos de vida más sedentarios y menos rurales. Si bien existen pruebas sustanciales para sugerir que la psicosis por Wendigo existió, muchas preguntas siguen sin respuesta.

Deja un Comentario

También te puede gustar