La caja de Pandora: El Zombi y el Genio

por Lorena Escobar de la Cruz

Me cuesta empezar este artículo y eso que a mí, doctora en parlamento, no me suelen imponer demasiadas cosas. Pero hoy toca hablar de un genio y, claro, intento buscar las palabras que puedan hacerle justicia a tamaño personaje, tamaño talento, tamaña rareza. Luego recuerdo de quién voy a hablar y se aleja un poco el resquicio del miedo, porque este genio no es como los demás, porque es una obra de arte con aceptado defecto, porque solo es un tipo corriente que no tiene ninguna culpa de ver la vida de una forma diferente al resto de los mortales.

Es la metáfora indirecta de la palabra genio. Un genio a hurtadillas. Una osamenta curvada de estrambote, un valiente, un hacedor de pesadillas.

Un puñetero genio.

Escribo este artículo después de haber conocido al genio, de haberlo leído, de haberlo, con cierto temor inicial y un poco de desvergüenza tardía, tanteado. Resalto la dificultad de hablar de alguien a quien admiras: es un doble ejercicio de responsabilidad, sobre todo cuando sabes que existe un riesgo real de que te acabe leyendo (hola, Franky). Así que voy a empezar por la obra y dejaré para el final al autor, porque se suele romper mejor el hielo cuando utilizas la palabra para escribir sobre palabras, en esta ciencia lingüística maravillosa que une el objeto de estudio con el estudio en sí mismo.

Respiro hondo, pido perdón de antemano, y comienzo.

Me he adentrado en El Zombi después de haber leído Aquí hay monstruos, del mismo autor. Francisco Santos Muñoz Rico ha creado una pieza de degustación rápida y digestión tranquila, porque no hay prisa, porque deslizarse por las páginas siguiendo las aventuras narradas en primera persona por un antihéroe de extrarradio es una sobremesa entre amigos que se alarga todo el tiempo que dura el licor de hierbas. El Zombi es una historia que bien podría haber sido creada por Cervantes para incluirla en sus Novelas ejemplares, un Rinconete y Cortadillo del siglo XXI aderezado con una prosa que evoca, y mucho, al indescriptible y malhumorado don Miguel de Unamuno. La picaresca recorre las líneas de un libro que te cuenta una realista narración cuajada de elementos surrealistas, como si alguien hubiera metido todos los ingredientes en la licuadora y le hubiera dado al turbo. El protagonista, ese tipo desahuciado por todos que moldea la realidad de una forma distinta, casi tierna, encuentra un aliado insospechado en este camino incierto al que algunos atrevidos todavía osan llamar vida: otro héroe podrido y agusanado que representará todo lo bueno que puede albergar la inservible existencia humana. He aquí la gran paradoja de El Zombi: hasta la más horrible falacia es hermosa, la decadencia oportuna, la suciedad es lo único bello que podemos percibir en la falsedad de una sociedad corrompida que castiga al diferente y premia al tramposo. Porque no se libra El Zombi de su trama de thriller y novela negra, de su mafioso, de sus peligros y aventuras, de sus pasajes delirantes que te sorprenderán soltando una carcajada que luego te cuesta esbozar cuando lees comedias clasificadas como tales. Y es que El Zombi entraría dentro de esas novelas que son indefinibles, porque su autor también lo es, porque quizá todo sea un juego, no más que un reto para ver si el lector alcanza a entender la ventana tras la tapia: qué ha querido decirnos Franky con este decadente cuento de final feliz e intermedios disparatados. Qué moraleja podemos sacar de un personaje caricaturizado al que no se le puede más que coger un profundo cariño. Quiénes somos nosotros para juzgar al criminal, al ladrón, a la prostituta, al que quiso escapar de su tumba porque hasta el mismísimo inframundo le resultaba un lugar demasiado solitario.

El Zombi es una fábula de amistad que esconde más de lo que muestra, una comicidad natural (con lo que les cuesta a otros hacer comedia…), es un descaro, un soplo de aire fresco que, eso sí, viene adornado con el pútrido aroma de la muerte. No tardarás más que un par de días en leerlo y ahí radica la magia: Franky consigue hacer todo eso sin perder un ápice el entretenimiento puro y duro, la última finalidad de la literatura: te sacará del tedio con el que se adorna tu existencia para alejarte durante unas horas del amargor que te deja el café tomado a destiempo.

Es curioso el cambio de rumbo que supone esta novela tras Aquí hay monstruos, que terminé poco antes de adentrarme en la estela de El Zombi. El cuento de terror y fantasía que Franky nos regala en este libro supone una bajada a los infiernos de la que no podrás salir indemne, un reconocimiento de las faltas, una mirada con anteojos a la mierda que llena de mugre el alma humana. Un infierno sin cielo, porque no se tiene que creer en Dios para saber que hay demonios, porque cuando Franky escribe no sabes dónde termina la filosofía y comienza lo mundano, porque todo es una enorme metáfora del «pasen y vean el espectáculo, amigos». Franky te crea un problema con la lectura porque llegará a partes de ti que ni siquiera reconoces tener y jugará con ellas, sin el menor remordimiento, sabiendo cuál es tu causa y aprovechándose de tu consecuencia, soltando los monstruos que durante tantos años has tenido dormiditos bajo tu cama.

Pasar de un registro a otro no debe ser nada fácil, pero es que no estamos hablando de un escritor común. A Franky se le caen los versos con la misma facilidad con la que escribe una novela que te robará parte del alma, porque hay contadores de historias que han venido al mundo a dejarte una impronta, una marca. A Franky se le caen las letras porque nació en una época en que las letras se usaban con demasiada facilidad y él es un hombre que sabe el valor que tiene la palabra escrita, el poder, la guerra, una de esas sin treguas, de la que te deja llagas en el alma y ácido en la garganta antes de provocar el vómito. Franky no escribe, construye mundos, y adentrarte en ellos bajo tu responsabilidad te dejará un nuevo tatuaje, un recodo en el que la mar ya nunca llegará serena sino llena de todos los horrores marinos. Franky es la libertad de la silva bailando un tango con un soneto, es el cura no creyente que se dedica a exorcizar demonios, es el tipo que sabe tanto que olvida todo lo que ha sabido y es el hombre que hace de la escritura una religión para los proscritos.

A veces, y esto nunca se lo diré a la cara (hola, Franky) me gusta imaginarlo como el Diógenes que se rio de la todopoderosa Grecia. Me gusta imaginarlo paseando por las calles sin más compañía que todos sus demonios y buscando hombres honestos. Me encanta, y que me perdone por mis palabras, visualizarlo en su (¿real, ficticio?) encuentro con Alejandro Magno, que en mi historia, en mis fantasías, es el ego literario de enorme barriga y cuarteada vanidad, cuando este le pregunta: «Pídeme lo que quieras, puedo darte cuanto desees». Entonces Franky alarga un dedo, hace una pausa, sonríe de medio lado y suelta: «Quería que te apartases, me estás tapando el sol».

También me gusta imaginar un mundo en el que los genios triunfen y no sean solo la voz de unos cuantos. Un mundo donde el talento no se venda en sonrisas bonitas y número de seguidores sino en verdad. Un mundo donde las letras se vendan al peso, y las de Franky se revalorizasen en quilates.

Pero lo cierto es que, en ese mundo, Franky quizá no sería Franky.

Demasiado precio a pagar para quedarnos sin un genio.

8 comentarios

FRANKY mayo 9, 2022 - 9:38 am

Puf,
Ya no sé ni qué decir
Muchas gracias 🤗🤗

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Morrigang mayo 9, 2022 - 11:12 am

Franky es el Tom Bombadil de nuestro Señor de los Anillos.

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Rashan mayo 9, 2022 - 3:07 pm

De acuerdo en todo, yo se lo comparé, el zombi, con un nuevo Lazarillo. Mi favorito es el tesoro de la urraca de todas formas, yo creo que ya no se supera ni él, jejejej

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León mayo 9, 2022 - 7:48 pm

Y si tan genio es ¿por qué no le han levantado una estatua de oro en la cara oculta de la luna? ¿Eh?

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FRANKY mayo 10, 2022 - 1:52 pm

Sí me la han levantado, gilipollas, y lo sabes, vete a meter cizaña otra parte

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León mayo 10, 2022 - 5:06 pm

¡Ah, bueno! En ese caso, ¡pase, pase!

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Daniel Aragonés mayo 10, 2022 - 2:27 pm

Porque su peso en oro lo invirtieron en una lámpara mágica donde guardar su genio.

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estela mayo 10, 2022 - 2:09 pm

Todo lo de Franky es una maravilla pero el zombi es de lo mejorcito!

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