THE LODGE (Veronika Franz, Severin Fiala, 2019)

por José Luis Pascual

Veronika Franz y Severin Fiala llamaron la atención de los círculos del moderno cine de terror en 2014 con su perversa Goodnight Mommy. Ya entonces, la puesta en escena de esta pareja de directores sabía jugar con destreza con elementos del género para construir una película muy ambigua que conseguía llegar a los nervios del espectador. Con The Lodge han conseguido repetir la fórmula cambiando algunos parámetros, y logrando un resultado espectacular.

The Lodge tiene apariencia de drama durante su primera mitad. Un drama duro focalizado en dos niños que han perdido a su madre y han de empezar a vivir con las consecuencias. Su padre tiene una relación con otra mujer, y los niños se ven abocados a pasar unos días en una cabaña conviviendo con los dos adultos. En ese entorno lóbrego y triste, los directores ya introducen la primera pista de que su intención es retorcer ese drama para convertirlo en un terror atmosférico que llega hasta sus últimos extremos. Pero vayamos por partes.

Estamos ante uno de esos ejemplos de que el ritmo pausado, cuando se utiliza bien, puede ser más efectivo que el más trepidante survival o slasher. Franz y Fiala parecen haber convertido el slow-burn horror en una marca de la casa, ya que The Lodge vuelve a recrearse en instantes contenidos que, lejos de resultar un obstáculo para el avance de la trama, se revelan como una sutil fuente de información metafórica. En este sentido, la constante utilización de una casa de muñecas para reafirmar lo que sucede en la trama es un recurso robado directamente de Ari Aster y su Hereditary. Por esta vez no importa, ya que aquí también está muy bien implementado, pero espero que los directores tiren de mayor originalidad en futuros proyectos.
Como decía, el lento ritmo no supone un estancamiento de la historia, ya que no dejan de pasar cosas en la película, siempre relacionadas con la mentalidad de los personajes y su difícil relación. Así, la tensión crece por el simple choque de caracteres.

La mencionada ambigüedad hace su aparición en el meridiano del filme, con un giro que intenta hacernos cambiar la interpretación de lo que estamos viendo. Es un cambio brusco que polarizará opiniones. A mí me chocó un poco al principio, lo reconozco, pero la película se encarga de enderezar el camino y llevarte de la mano hasta el tremendo desenlace.
Además del propio componente de terror, se aprecia una notable crítica hacia los fundamentalismos religiosos o a la inmovilidad de creencia. Pese a ello, el tema principal de The Lodge es la aceptación del cambio y aquello con lo que tenemos que lidiar para que no nos atrape la desesperación. Ello facilita la empatía del espectador hacia unos personajes poco agradables, así como la generación de una atmósfera tensa que llega a hacerse insoportable.

Con un reparto en el que destaca la contención de Riley Keough junto con la intensidad de la niña Lia McHugh, The Lodge triunfa al conjugar el aislamiento y la locura de El resplandor con la capacidad estética y estática de Hereditary, de la que adopta cierto aspecto que conecta con el satanic horror. ¿Estamos ante la película de terror de 2020? Posiblemente.

2 comentarios

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Rubén junio 1, 2020 - 9:20 pm

Esta la tengo pendiente de ver! Vi antes The Lodgers que me recordó por el título pero insufrible… jaja

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José Luis Pascual junio 1, 2020 - 10:31 pm

No he visto The Lodgers, pero me da la sensación de que tienen poco en común. Si ves The Lodge, cuéntame qué te parece.

¡Muchas gracias por comentar!

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