El Centinela: Los enemigos de Cervantes

por C. G. Demian

Miguel de Cervantes Saavedra nació un 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares. Provenía de una familia de licenciados, lo cual casi le aseguraba una existencia más o menos cómoda dentro de la sociedad de la época, pero como suele decirse: «la vida es lo que sucede mientras haces planes». No hay nada más conveniente para torcer una línea recta que granjearse un buen ramillete de enemigos. Como cualquier genio que se precie, Cervantes tuvo los suyos, tanto en el ámbito de la literatura como en el de la vida. Estos que siguen son los más importantes, aunque creo que, dados los tiempos que corrían, debió tener cuitas sobre las que nada sabemos.

 

Antonio Sigura

En 1569, cuando contaba tan solo con 21 años, Cervantes se batió en duelo con un tal Antonio Sigura. El motivo del lance parece ser la defensa del buen nombre de su hermana Andrea, que mantenía una inapropiada relación con un gentilhombre genovés apellidado Locadelo. Este genovés debió contratar a Antonio Sigura «andante en corte o paseante en corte o albañil iletrado» para que lo representara en el duelo, aunque las circunstancias son inciertas.

El caso es que el autor de El Quijote debía ser diestro con la espada dado que fue juzgado por «haber dado ciertas heridas a Antonio Sigura, andante en corte». Una «Real Provisión», firmada por el alguacil Juan de Medina en Madrid, sentencia a Cervantes:

«Por los dichos nuestros alcaldes fue condenado A que con berguença publica le fuese cortada la mano derecha y en destierro de nuestros Reynos por tiempo de diez años y en otras penas contenidas en la dicha sentencia».

Cervantes no esperó a que se ejecutara la sentencia y escapó primero a Andalucía y más adelante, a través de Valencia y Barcelona, a Italia. En Italia se enroló en el ejército y terminó formando parte de la flota que se enfrentó a los turcos en la conocida batalla de Lepanto. Allí, un trozo de plomo le seccionó un nervio de la mano izquierda, lo que le hizo ganarse el apodo de «El Manco de Lepanto». Irónicamente salvó la mano derecha escapando de la justicia para quedar con la izquierda inutilizada durante su exilio.

 

Dali Mamí

Pero al de Alcalá le perseguía una mala racha. Regresando a España de Lepanto, una flotilla turca comandada por Mami Arnaute capturó la embarcación en la que viajaba nuestro protagonista. Al llegar a Argel fue adjudicado como esclavo a un renegado griego llamado Dali Mamí.

Durante los cinco años que duró su cautiverio, Cervantes protagonizó cuatro intentos de fuga. Su objetivo era alcanzar Orán, que en aquellos tiempos era una posesión española. No lo consiguió. Finalmente, en 1580 fue liberado gracias a que un clérigo llamado Fray Juan Gil pagó un rescate de 500 escudos por El Manco de Lepanto. Gracias a ello pudo retornar a España, donde emprendería una carrera como escritor.

 

Lope de Vega

El «Fénix de los ingenios» y Cervantes comenzaron siendo buenos amigos. Intercambiaban alabanzas en público, pero también a través de poemas, un método de comunicación habitual en la época entre escritores. Ambos vivían en el Barrio de las Musas de Madrid y coincidieron en casa de Jerónimo Velázquez. Lope acudía allí porque buscaba el amor de la hija de Jerónimo y Cervantes porque Jerónimo era productor de comedias y esperaba conseguir que le llevara alguna a las corralas.

Después de entablar amistad, Cervantes llegó a calificar a Lope como «monstruo de la naturaleza», imagino que más adelante mudó de idea respecto a qué tipo de monstruo era. Por su parte, Lope elogiaría a Cervantes en su obra La Arcadia. La última evidencia de una buena relación entre ellos data de 1602, cuando Lope incluyó un soneto de su colega en La hermosura de Angélica. Después, comenzó la guerra.

Cervantes sabía que su rival le superaba en fama y reconocimiento. Lope de Vega era el autor estrella del Siglo de Oro. Sus obras de teatro triunfaban por su cercanía con el público. Lope se veía además a sí mismo como un triunfador, se consideraba superior a sus coetáneos. En su Arte nuevo de hacer comedias, defendía que las comedias debían ajustarse a los gustos del pueblo: «Como las paga el vulgo es justo, hablarle en necio para darle gusto». Quizá parezca un poco ofensivo, pero la gente estaba encantada con la idea.

Algunos autores opinan que fue Cervantes quién inició una cruzada contra el Fénix. En la primera parte de El Quijote le recrimina a Lope que se plegara a los gustos del populacho en lugar de seguir las normas tradicionales de la comedia. «Como las comedias se han hecho mercadería vendible dicen y dicen verdad que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez y así el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide».

Además, Cervantes también se sirvió de su obra magna para burlarse del comportamiento de Anfriso, el protagonista de La Arcadia, en un episodio en el que Don Quijote hace penitencia en Sierra Morena. Como Anfriso representaba al autor, en realidad se estaba burlando directamente de Lope de Vega.

Otros estudiosos creen que fue Lope de Vega quien atacó primero en su obra El peregrino en su patria. En la portada aparecía un grabado con una estatua de la Envidia, y una leyenda en latín: «Quieras o no quieras, Envidia, Lope es o único o muy raro». Además, figuraba un soneto de Quevedo: «La envidia su verdugo y su tormento hace del nombre que cantando cobras, y con tu gloria su martirio crece…». Personalmente, me parece más un acto de egolatría que un ataque a Cervantes, sin embargo, hubo otro hecho que confirmaría las desavenencias entre los dos escritores.

Lope tuvo acceso a El Quijote antes de su publicación y en una carta a un amigo suyo escribió lo siguiente: «De poetas, muchos están en ciernes para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote».

La respuesta de Cervantes no se hizo esperar, y llegó en forma de soneto:

Hermano Lope, bórrame el soné

e versos de Ariosto y Garcila,

y la Biblia no tomes en la ma,

pues nunca de la Biblia dices le.

También me borrarás La Dragóme

y un librillo que llaman del Arca

con todo el Comediqje y Epita,

y, por ser mora, quemarás la Angé,

Sabe Dios mi intención con San Isi;

mas quiéralo dejar por lo devo.

Bórrame en su lugar El peregri.

Y en cuatro leguas no me digas co;

que supuesto que escribes boberi,

las vendrán a entender cuatro nació.

Ni acabes de escribir La Jerusa;

bástale a la cuitada su traba.

Lope argumentaría que sus comedias se ajustan al gusto de los españoles, y presumió de haber compuesto muchísimas, lo cual le sirvió para tachar a Cervantes de poco productivo y envidioso.

 

Alonso Fernández de Avellaneda

En 1614 se publicó una continuación falsa de El Quijote, cuyo autor firmó con el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda. En ella aparecen los mismos personajes y está diseñada para aprovecharse del éxito comercial de la novela original. A Cervantes le afectó muchísimo, era ya un anciano y se lo tomó tan a pecho que escribió una segunda parte legítima, que fue publicada a finales de 1615, cuando contaba con 68 años. Pocos meses después, el 22 de abril de 1616, Cervantes fallecía en Madrid.

El escritor alcalaíno denunció que Avellaneda había fingido su nombre, y su verdadera identidad se considera como uno de los grandes misterios de nuestra literatura.

En el prólogo de su Quijote, Avellaneda defendió a Lope de Vega, respondiendo a las críticas realizadas por Cervantes en la primera parte. Por eso, se ha pensado que el propio Lope y sus allegados podrían haber escrito este Quijote apócrifo.

Sin embargo, en las primeras aventuras Don Quijote, Cervantes no atacó exclusivamente a Lope de Vega, también enzarzó con Jerónimo de Pasamonte, un soldado aragonés que, al igual que Cervantes, participó en la batalla de Lepanto. Pasamonte escribió una autobiografía conocida como Vida y trabajos», en la que se atribuía el heroísmo de Cervantes en Lepanto. En respuesta, el alcalaíno lo satirizó, convirtiéndole en el galeote Ginés de Pasamonte.

Avellaneda escribió en su prólogo que Cervantes, en la primera parte de El Quijote, había ofendido a dos personas: a él mismo y a Lope de Vega. Y afirmó que la ofensa contra su persona se había realizado por medio de «sinónimos voluntarios».

La verdadera segunda parte de El Quijote imitó burlescamente los episodios de Avellaneda. Este había convertido en su obra a don Quijote en un fanfarrón y a Sancho Panza en un necio. Cervantes corregiría esas características. Además, afirmó cuatro veces en su obra que Avellaneda era aragonés, indicando además su verdadero nombre de pila. Quedaría así descartada la autoría de Lope de Vega.

 

Francisco de Quevedo.

Cervantes fue amigo de Góngora, quien, como él, padecía un defecto físico (Góngora era cojo). La conocida rivalidad entre Góngora y Quevedo tuvo como consecuencia, a raíz de un poema satírico, que Góngora recibiera el sobrenombre de «Patacoja» por parte de sus enemigos.

Es probable, por eso, que en Viaje del Parnaso Cervantes lo satiriza y asegura que, a la llamada de los buenos poetas, «mal podrá don Francisco de Quevedo venir», explicando que «tiene el paso corto y no llegará en un siglo entero».

Aunque decir que Quevedo y Cervantes fueron enemigos sería aventurarse demasiado. Ambos intercambiaron alabanza y la distancia de edad que les separaba los mantuvo, en cierta manera, alejados y no llegaron a relacionarse demasiado.

6 comentarios

Morrigang mayo 2, 2022 - 11:27 am

Qué interesante, es como un Sálvame del Siglo de Oro.

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C.G. Demian mayo 3, 2022 - 10:00 am

Si es que está todo inventado xD

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vicente mayo 2, 2022 - 10:47 pm

Si no tienes enemigos, no eres nadie. Buen artículo, centinela.

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C.G. Demian mayo 3, 2022 - 9:57 am

Exactamente. Así me va….
Gracias, compi.

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Daniel Aragonés mayo 3, 2022 - 9:39 pm

Me ha encantado. Muy interesante, coincide con que llevamos varios días hablando de Cervantes.
Felicidades.

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C.G. Demian mayo 4, 2022 - 10:33 pm

¡Muchas gracias! Es que Cervantes da mucho juego.

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