Apocalypse Now: la forma del fuego vigente

por José Luis Pascual

Al final, la pandemia va a tener un pequeño lado positivo. Después del confinamiento al que nos hemos visto abocados, las salas de cine intentan recuperar la actividad como la víctima de un accidente que se ve obligada a volver a aprender a caminar. Parece que una de las medidas que se están llevando a cabo es la de reestrenar en pantalla grande obras clásicas y memorables de la historia del cine, lo cual está configurando una cartelera que, al contrario de lo que pudiera parecer, resulta estimulante y moderna. 
El caso que nos ocupa representa a la perfección ese mirar atrás al que nos empujan unas circunstancias que se presumen desfavorables para todos. Vivimos tiempos inciertos y, como en otros periodos de crisis, parece una buena idea echar la vista atrás para aprender de nuestros errores. Para que, de nuevo, reaprendamos a caminar adecuadamente. 
 
El cine, como reflejo de la sociedad, no es ajeno a la conmoción global que nos ataca. Y, pensemos en ello, lleva un tiempo advirtiéndonos de lo que podía pasar. Sirviendo como metáfora total de nuestra realidad, el sector cinematográfico llevaba bastante tiempo estancado. Por supuesto, las excepciones existen y se siguen dando, pero díganme ustedes cuántos títulos al año logran agarrarse a su córtex cerebral de forma indeleble. Dicho de otra forma, las películas actuales que nos sorprenden, que REALMENTE nos sorprenden, pueden contarse con los dedos de la mano. La irrupción del formato digital y la estandarización de los efectos especiales creados por ordenador han establecido un imprevisto cuello de botella en el que miles de producciones similares compiten por un pedazo del pastel sin una intención real de innovar o escapar de la norma, sino simplemente queriendo repetir éxitos sin llegar a tomar el más mínimo riesgo. ¿Acaso no sucede lo mismo en nuestra propia cotidianidad, ese falso refugio donde nos empeñamos en la repetición de comportamientos mecánicos socialmente aceptados, aún a sabiendas, en el fondo, de lo erróneo de sus cimientos? 
 
 
Resulta curioso que Apocalypse Now, esa locura megalomaníaca de Francis Ford Coppola, se revele a día de hoy como una película moderna, innovadora y arriesgada. Una obra que REALMENTE sorprende incluso 40 años después de su concepción. Parece un contrasentido que, en una época en la que una serie de televisión puede mostrar combates espaciales, robots ultrarrealistas o todo tipo de seres fantásticos formando parte de realidades que compiten con la nuestra, la simple visión de fuego real, o de una bandada de helicópteros sobrevolando un terreno, o acaso de un pequeño bote surcando las aguas mansas de un río, alcance lo más profundo de nuestro cerebro con precisión milimétrica, creando un impacto mucho mayor de lo que proporciona la estruendosa tecnología digital.
 
Y eso que la película, en realidad, no deja de repetir la clásica historia de redención/aprendizaje/transformación que es la base de miles de narrativas anteriores y posteriores. El viaje del héroe, una vez más. Pero hay un par de aspectos que, revisando la película en 2020, ignoran el velo de trampa y falsedad de la sociedad moderna para mostrarnos la verdadera y lenta velocidad de una transición real y necesaria: la del individuo frente a las circunstancias que le empujan a actuar, a cambiar, a madurar. 
Uno es el evidente, el que transcurre ante nuestros ojos. La orquestación de una coreografía en mitad del caos, una danza sinuosa y maldita que radiografía varios círculos infernales. El capitán Benjamin L. Willard transita entre baile y baile, siempre con el paso cambiado, intentando ser ajeno a lo que le rodea sin conseguirlo. No es difícil, como espectador, asimilar su aparente indolencia, su querer permanecer impasible ante unos hechos que insisten en quebrar a cualquiera. El estilo documental que Coppola imprime al film ayuda, y mucho, a la inmersión, a que también nosotros nos transformemos, esta vez en el protagonista y principal testigo del infierno.
 
 
El segundo, precisamente, es ese infierno. La profundización de Willard en terrenos cada vez más ignotos es nuestro propio viaje hacia el miedo. A menudo tratamos de evitar el contacto con el horror, pero las aguas del río solo transitan en una dirección, y tarde o temprano se producirá la confrontación. El descenso hacia el último círculo comienza, en la película, con la cacofonía ensordecedora de las máquinas de guerra humanas (ametralladoras, helicópteros, gritos), para ir poco a poco huyendo del ruido y terminar en un silencioso y apartado recodo donde el Coronel Kurtz espera al protagonista. Kurtz no es otra cosa que el destino, eso que nos horroriza tanto, y que durante todo el metraje adquiere una consistencia fantasmal y etérea, tanto en su forma imaginada como en su corporeidad. El monstruo, el demonio, el terror al que hemos de enfrentarnos inevitablemente. La locura nos espera para consolarnos si somos derrotados, y quizá también si nos erigimos vencedores. El cúlmen de nuestra existencia, para bien o para mal.
 
¿Imaginan esta película rodada hoy día? Es posible que fuese una producción aún más explícita a nivel visual, que las escenas de acción incluyeran más explosiones, que la saturación del color convirtiera a los amarillos en amarillos y a los soldados en hercúleas fuerzas cercanas a la divinidad, que el sonido atronara mucho más limpio y sin metralla para el espectador. Sí, a buen seguro se ahorrarían el pandemónium que fue el rodaje, y las mil y una coyunturas que estuvieron a punto de tirar por la borda todo el trabajo, el empeño y la locura. Incluso sería intachable a nivel ecológico y medioambiental, no faltaría más, por favor. Pero sería una más. 
Por el camino se perderían el alma, la poesía salvaje y el horror del que habla Kurtz. Se perdería la realidad, porque Apocalypse Now no es una película, sino un claro ejemplo de nuestra existencia, una llamada de atención al individuo y a la especie, un recordatorio del sinuoso camino que estamos destinados a recorrer. 
 
 
Vuelvo a retarles. ¿Cuántas películas actuales encierran tanto? Sí, ya he dicho que hay excepciones, y que podemos encontrar una serie de directores —no es momento de nombrarlos— que a buen seguro vieron Apocalypse Now en su infancia o adolescencia, y a los que de una u otra manera tal experiencia permeó sus obras. Pero, como digo, son la excepción. Nos hallamos envueltos en un vendaval de películas sin alma ni significado, que se abonan a una espectacularidad impostada para jugar sus bazas. Y lo cierto es que lo hacen bien, tan bien que a veces nos hacen olvidar todo lo que vino antes. Desde aquí, por tanto, hago un llamamiento para que esta tendencia de reofrecer clásicos imprescindibles no acabe siendo una moda esclava de las circunstancias, sino que quede instaurada como una necesidad real. Una ayuda para comprender y desaprender. Espero que no haga falta otra pandemia para ello.

6 comentarios

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Alvaro agosto 18, 2020 - 1:24 pm

Magnifico. Comparto en Facebook. Muchas gracias

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José Luis Pascual agosto 18, 2020 - 2:56 pm

Muchas gracias, Álvaro. Me alegra que te haya gustado el artículo.

Saludos

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C.G. Demian agosto 20, 2020 - 10:48 pm

«que la saturación del color convirtiera a los amarillos en amarillos» Creo que con esta frase lo has dicho todo 😀
Es cierto que hoy en día pueden hacerse unos efectos más espectaculares, meter a gente más mazada y aplicar filtros que den una apariencia de irrealidad a la película. Pero al hacer todo eso, se pierde parte de verdad. Toda la acción se convierte en un video juego y creo que Coppola lo que pretendía era arrojarte la mierda a la cara para que paladearas su sabor.

Un artículo muy interesante.

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José Luis Pascual agosto 21, 2020 - 12:09 am

Totalmente de acuerdo. Hay que reivindicar el cine artesanal, aún a riesgo de que nos llamen viejunos (y aunque lo seamos xD).

¡Gracias!

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Franky
Franky agosto 25, 2020 - 11:06 pm

En todo de acuerdo.
La gracia, una de ellas, de esta peli es q Coppola estaba realmente tarado, jajaja, fuego real, bombas y metralla, se notan las facciones emaciadas y angustiosas porque realmente estaban angustiados y emaciados: un producto de calidad hecho con pasión, una pasada, esta peli es la entropía hecha film.

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José Luis Pascual agosto 25, 2020 - 11:16 pm

Eso parece, que Coppola apostaba con todo pese a ir como pollo sin cabeza. Por lo visto, además de mil y una adversidades, el guion apenas cubría media peli y el resto se improvisó sobre la marcha (viendo el final esto es palpable). Y lo maravilloso es que, aun así, le salió un peliculón parido con las gónadas. Mi aplauso siempre.

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