Ritual Román 99: Carcoma

por Román Sanz Mouta

Título: Carcoma

Autor: Layla Martínez

Editorial: Amor de madre

Nº páginas: 144

Género: Terror

Precio: 18€

Todas las casas guardan la historia de quienes las han habitado. Las paredes de esta casa perdida en el páramo hablan de voces que surgen de debajo de las camas, de santas que se aparecen en el techo de la cocina, de desapariciones que nunca se resuelven. Los vecinos reniegan de sus dos habitantes a la luz del día, pero todos acuden a ellas cuando nadie los ve. La abuela se pasa los días hablando con las sombras que viven tras las paredes y dentro de los armarios. La nieta vuelve a la casa tras un incidente con la familia más rica del pueblo. Ahora, desenredando la historia de la casa, se han empezado a dar cuenta de que las sombras que la habitan estuvieron siempre de su lado.

 

RITUAL

Carcoma arranca como un ciclón porque enseguida descubres que la Casa es un personaje más; te lo cuentan, te lo hacen sentir. Algo terrible, que tiene garras, tentáculos, espinas y dientes. Y, sobre todo, malas intenciones. Algo que odia y genera odio. Esa Casa se prolonga y crece en el tiempo por su influencia. Las dos protagonistas y narradoras, nieta y abuela, nos son presentadas dentro de esta Casa que ya nació condenada. Sobre la peculiar familia que la habita corren cientos de rumores nocivos, vilipendiosos, que se han extendido allende el pueblo, incluso para salir en televisiones nacionales, aunque sea por la desaparición de un niño, ya que, si supiesen solo parte de su historia, centrarían la atención. Y no quieren eso las dos mujeres, vaya que no lo quieren. Guardan un secreto y mucha rabia y mucho odio, un secreto que contienen muchos otros secretos nefandos.

De todo esto ya tenemos certeza en los dos primeros capítulos con un escalofrío recorriendo tu espina dorsal. Sabes que tienes entre manos una novela afilada, peligrosa, que no te dejará indiferente. Y necesitas conocer más; orígenes, desenlaces, confrontaciones.

Y es que cada habitación de esa Casa está viva y alberga una sombra, forma parte de un conjunto pleno en detalles siniestros, perturbadores; la cama que se hereda, el acoso ambiental, la presión, el armario, el guiso concatenado, las reminiscencias, las apariciones, el terror en el fondo de la memoria y el olvido. La misma Casa te subyuga como lector, te engancha del cuello y te obliga a seguir, a pasar sus páginas que pueden ser paredes o puertas. Cuidado. Las estampas, los santos, las creencias quizá alejen al demonio, o quizá lo acerquen a su vera. A tu vera.

¿Cómo? ¿Quieres mi versión personal de la trama? Vamos allá.

Abuela y nieta comparten hogar porque la hija de una y madre de otra desapareció al poco de nacer esta segunda. Una nieta en el punto de mira ya que, cuidando al hijo pequeño de los Jarabo, nobles de la zona, este desapareció, y todavía lo buscan sin descanso, siendo la joven sospechosa. Porque su familia ha sido acusada de maldades, atrocidades, brujerías. Porque, aunque sean repudiados, también acuden a ellas cuando tienen los parroquianos un problema, una venganza. Pero solo ellas conocen el secreto de la Casa, uno que acabaremos por aprender, queramos o no queramos. Ya no quedan paredes huecas, la Casa tiene hambre, los santos que susurran tienen hambre, el armario tiene hambre. ¿Cómo saciarla? ¿Cómo complacerla? ¿Cuáles serán las consecuencias?

Tenemos un prisma completo con las dos voces narrativas, esas dos generaciones duales, abuela y nieta (desbrozadas en primera persona y con un estilo directo, agresivo y que adopta los diálogos en su seno), que aunque quizá sean muy parecidas en el habla, también poseen dejes característicos, como la ausencia de comas y las frases sin sosiego de la joven convertidas en párrafo para que no respires y sientas lo que lees (aunque pueda hacerse alguna bola en el paladar), o los costumbrismos de la anciana. Por medio de una conocemos el cómo, el por qué; a través de la otra, atisbamos el presente, esa sospecha, esa duda, la visión de la joven sobre lo que sucede. ¿Elegidas? Quizá, pero para el peor de los puestos. Son dos verdades bien distintas las que reflejan, quizá incluso engañándose a sí mismas, pero entremezcladas en justa medida, a través de las que podremos contemplar el cuadro de la Casa, nos permiten adivinar lo que realmente pasó y continúa pasando. Aunque, ¿quién puede saber lo que cruza por la mente de alguien que sufre tanto?

La atmosfera es tan sublime como poderosa, protagonista, parte implícita. No descansa, sorprende, aterroriza dotada de génesis. De odio intrínseco que rezuma a cada palabra que la describe. Y la historia, en varios planos temporales dentro de ese mismo árbol genealógico, no permite agujeros, empareda cada trama para cerrarla como se debe.

¿Cómo se engendran esos miedos, esos odios y esas sombras? Son generacionales, heredados de sangre y familia. Lo que van arrastrando y crece, aunque las madres intenten salvar a sus hijas, sigue hollando esa maldición en su interior. Familias con vínculos, que se quieren y odian según el momento. Y con razón.

Pero ojo, como toda buena obra de terror, incide en las diferencias sociales. Carcoma es una guerra entre ricos y pobres expresada de cruenta forma. Los ricos tienen el dinero, la posición, la capacidad para humillar a todos los que ven por debajo de su condición. Los pobres (nosotres) tenemos el odio, el resentimiento, la voluntad, y muchas veces la fe. Y todo ello puede alimentar la semilla de la oscuridad. Esa oscuridad, cuando se hace tangible en presente, es mucho más fuerte que el dinero o el estrato. Por eso nos temen. Por eso nos desprecian y envidian. ¿Dónde dónde está ese niño rico, desaparecido, añorado…? Y más preguntas que tú, lectora, resolverás: ¿encerraron a esas mujeres o se enclaustran ellas? ¿Pueden escapar? ¿La Casa es refugio o cepo? El odio forma podredumbre en el pensamiento, de puertas adentro, de puertas hacia afuera. El odio es un veneno insidioso, y cuando se libera, no existe modo de contenerlo.

El desenlace, unidas todas las piezas del puzle de abuela y nieta, resultando en la asunción de las dos versiones, implosiona seco. Esa cuita entre los señores Jarabo y las mujeres de la Casa maldita debía terminar, poner las cosas en su sitio, hacer pagar por las ofensas, por las muertes, por la madre de la nieta y por la madre de la abuela. Seco, cortante, contundente, continuado. La Casa dejará una huella en ti porque todavía late y latirá mientras haya una fémina de la familia para alimentarla.

Concluyendo, este texto me ha llenado. Mezcla el terror mas clásico, de toques góticos, con una modernidad que no entiende la morada protagonista. Sobrecoge. Y su menuda extensión favorece a la obra, a lo que transmite de forma nefasta. Te adentras con ella, te pierdes para acabar con el pánico de no saber o no querer salir. Sus visuales resultan truculentas; su prosa, de lenguaje fluido y atmósfera densa; su deguste, obligatorio para todo aquel aficionado al género (o mal llamado género, otro ejemplo de por qué la literatura de horror es literatura con mayúsculas, sin etiquetas, y merece tal reconocimiento). Tiene Layla Martínez en mi a un ávido lector y, desde ya, me declaro sometido a su verbo ominoso.

Una novela de vísceras y entrañas emocionales. Brutal. Leed.

 

PD: echad un vistazo al mapa de la Casa, al que viene de inicio y al que concluye junto a las solapas que abren y cierran el libro. Miradlo sin miedo, aunque todavía no hayáis empezado la novela. Comparad las diferencias. Os avisé. Detalles…

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