Bajo el Dolmen 27: Soy racista

por Francisco Santos Muñoz Rico

¿Qué le voy a hacer, si soy racista? Seguro que pierdo amigos (si acaso me queda alguno), que me censuran, me vilipendian, me meten en una jaula con la momia de Hitler y la de Mussolini y nos arrojan sin piedad mondas de patata y otros condumios de mala fama; ¡me pondrán en la lista de los intolerantes! Mis libros dejarán de venderse, condenaránme a ostracismo sempiterno y patético, me instarán a seguir las malas costumbres cicuteras del racista también Sócrates.

¡Pero!

Ya que estoy escandalizando expresaré mi pero de forma soez: me la suda.

Yo pensaba que el robot impervio y contumaz que controla Netflix era, como muchos otros robots, un desalmado hijo de puta de mente judeocristiana, pero parece ser que no, pues, amablemente, se fija en las cosas que veo y busco y me ofrece lo que él supone que veré y me gustará; también pensaba que era un metomentodo, como los correctores de ortografía (que siempre desactivo, por Satán), pero es su trabajo: tiene que estar aquí conmigo y aconsejarme después de espiar; y digo yo: ya me espían los de la CIA, el FBI, el CSIC, la Iglesia Católica, Mormones, Illuminati, etcétera, qué importa uno más en el grupo de pisatalones: nada. Como iba desvariando: el robot de Netflix se fija en mis búsquedas, que si Takeshi Kitano, que si Kung Fu, que si Miike, que si Baki Hanma, y él, como dije antes: impervio y contumaz, me tiene el perfil lleno de recomendaciones amarillas; se ha dado cuenta de mi racismo: no soporto al hombre blanco, ni al negro, qué cine pésimo hacen, qué secuencias seudo sentimentaloides infumables, qué de paparruchas… Pero ¡ay los chinos, ay los japoneses, ay los coreanos! Estos, y otros —siempre orientales—, sí que saben hacer una película. (Y no hablemos de la música, mientras escribo esto aporreando mi viejo portátil escucho el disco Juice de Ryo Kawasaki).

Las dos últimas que he visto son: El monje que bajó la montaña, y Detective Dee y los cuatro reyes celestiales (recientemente había visto las tres de Kenshin, el guerrero samurai, para los curiosos).

 

Estas producciones modernas mantienen el espíritu de las viejas pelis de kung fu, no se han dejado vapulear por holywoodismos ni mierdas de estas, lo que pasa es que ahora tienen muchos más medios, más pasta, y más sitio para la historia, pero manteniendo dosis altas de acción. Tienen mayor libertad para crear. Y siguen teniendo su gracia, sus diez mil matices en la forma de actuar por cada dos o tres del hombre occidental (recordad, esos a que mi racismo elitista desprecia).

Creo que está claro que ellos llevan creando literatura (el cine es literatura) mucho más que ese hombre occidental, el pobre homo habilis, y eso, por fuerza se tiene que notar.

Bueno, sabéis que ese pobre hombre occidental ha llegado también a magníficas cotas de arte, pero estoy alabando a los amarillos, entiéndaseme.

En El monje que bajó la montaña nos encontramos una historia súper densa muy bien concentrada, al terminarla tiene uno la impresión de haber leído una novela rusa del XIX, tal es su enjundia. Y no nos asaetean con la manida percha (ese rollo del viaje del héroe), sino que se rigen por la gracia mística del cuento taoista, o la ramplona y aplastante parsimonia budista, o por la rígida y exquisita parábola confucionista, etcétera: van a lo suyo, y con lo suyo. No han hecho esta película para el mundo, la han hecho para ellos mismos, y como sucede con Salvador Dalí: su regionalismo, digamos, se torna en dicha universal cuando llega a mi rincón del mundo, esta Almería poco oriental.

Antes de ver la del Detective Dee, me puse una peli cualquiera, por probar, por echar un ojo, salía un monstruo en portada… (R. I. P. D. se llamaba) Y nada más empezar: una escena vomitiva de un poli y su mujer en bragas saltando a la cama para despertarlo, puag, qué cosas se decían, no había química ni gracia en el guion, te quiero, mi amor, blablablá… La quité en seguida, con asco racista. Pero, masoquista, aún puse otra cosa: Jupiter Legacy creo se llamaba. Oh, qué tortura: solo vi el principio, unos dos minutos, pero fue tan insoportable… unos niños súper héroes con abstrusos sentimientos de “ay, mami, soy raro y especial”. Casi vomito.

Y entonces vi la portada del detective Dee y lo supe: el siguiente par de horas sería dicha. Como apunte alegre diré que tanto esta como El monje que bajó la montaña están rodadas en mandarín, delicia de escuchar (aún no conociendo más de dos o tres expresiones). ¡Alabados sean los subtítulos, mueran los doblajes y su poca gracia y monotono!

Por comparar, en esta del detective hay una escena en que se insinúa una mujer a un hombre, y realmente se pone uno nervioso viéndola; en cambio en la anterior (novia en bragas y poli en cama) la cosa no transmitía, era plana, no eran de verdad, solo actores finjiendo.

También tiene un punto de influencia Dee del detective moderno por antonomasia, Holmes, en el uso de disfraces cuasi cómico, por ejemplo, o en la presentación de la mente del detective como un nivel prácticamente superior de conciencia.

No quiero hablar mucho más de las películas, son a mi entender un deleite, baste esto.

Hubo una época de mi vida que pasé viendo unas ocho películas al día de kung fu, así que no hablo sin conocimiento de su espíritu: a las pelis de artes marciales les pasa como al pobre terror en la literatura, son consideradas un subgénero, son consideradas menores, y esto independientemente de su calidad, solo por su tema fundamental: tíos peleando. ¿Películas de Jackie Chan, Ong Bak, Bolo Yeung, Jet li, Ipman, Revenger…? Bah, paparruchas. ¿Libros de miedo, tentáculos, monstruos bajo la cama, dentro del armario, zombis…? Bah, paparruchas. Pues no: no importa el medio, no importa si vestimos monas con seda o bellas mujeres con andrajos: si hay calidad, arte, belleza: no importa de qué género estemos tratando, importa eso, LA BELLEZA, las cosas bien hechas. Y estas películas están bien hechas, están hechas maravillosamente de hecho, y si alguien osa despreciarlas por ser chinas, o de kung fu, o por cualquier cosa semejante: ese se las tendrá que ver conmigo.

6 comentarios

Morrigang mayo 16, 2022 - 10:06 am

Nadie en su sano juicio se metería contigo, menudas patadas voladoras verbales enchufas. Genial, gracias, Franky, o Franki, o como se diga.

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FRANKY mayo 16, 2022 - 11:02 am

Jajaja, muchas gracias

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Daniel Aragonés mayo 16, 2022 - 10:09 am

He visto estas pelis que dices y, lo cierto, es que coincido en la autenticidad de las tramas y los hechos, cómo trabajan con los sentimientos, arraigados de forma profunda en su ser. No sólo entretienen, también buscan el encuentro.
Me atrevería a decir que, incluso, grandes directores de Hollywood copian vilmente el cine oriental y lo estropean de un modo horrible.

Yo también soy racista.

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FRANKY mayo 16, 2022 - 11:02 am

Todos somos racistas!!!

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vicente mayo 16, 2022 - 12:50 pm

Ya te estaba yo viendo pinta de oriental últimamente. Todo se pega, hasta lo guapo.

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FRANKY mayo 16, 2022 - 5:19 pm

Eso decían, efectivamente, nuestras abuelas. Gracias, Vicente!!

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