El Centinela: una navidad diferente

por C. G. Demian

Las Navidades son unas fechas entrañables y todo lo demás, pero, ¿qué sabemos sobre las tradiciones navideñas? Seguramente que engordamos cuatro quilos en dos semanas y que el dinero que nos da nuestra abuela el día 25 hay que declararlo a Hacienda. Hoy os desvelaré los grandes misterios de la Navidad, lo que nunca quisisteis saber pero no podréis evitar leer. Poneos vuestro gorrito rojo con borla y acompañadme en este navideño viaje.

LOS REYES MAGOS

La primera vez que se menciona a estos reyes misteriosos que parecen salidos de Cuarto Milenio es en el Evangelio de San mateo. En este se cita a unos magos que vienen de oriente, y que fueron guiados por una estrella para adorar al rey de los judíos (aunque de hecho los que lo adoran no se consideren judíos). Hasta aquí la historia cumple con nuestras expectativas, pero en realidad transformar esto en una cabalgata la tarde del 5 de enero no fue sencillo.

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle».

San Mateo

En ningún momento San Mateo cita en su Evangelio que los magos fueran tres, ni tampoco sus nombres. Aunque se sospecha que podrían ser de origen parto (uno de los imperios persas que se fueron sucediendo durante la historia), pues los sacerdotes-astrólogos recibían allí el nombre de magi (no confundir con la marca de consomés).

Antes de encontrar al niño en un establo, fueron apresados por Herodes (este que si era rey de los judíos). Después de interrogarles, los liberó con la promesa de que le informarían del paradero del niño si lo localizaban. Según San Mateo, esto nunca sucedió, debido a que un ángel advirtió a los Reyes de Oriente de las funestas intenciones de Herodes para con el niño. Serían todo lo astrólogos que quisieran, pero no se olieron la tostada.

No fue hasta el siglo VI que se dio número y nombre a los tres reyes; los consabidos Melchor, Gaspar y Baltasar. Aunque como digo, más que reyes, se les consideraba astrólogos. Su aspecto actual no se perfiló hasta el Renacimiento, donde fue evolucionando de forma diferente según el lugar, en cuanto a vestimenta y raza  se refiere. Así que no os sorprendáis si viajáis por el mundo y los encontráis un poco cambiados, recordad que en aquellos tiempos no había Instagram.

ORIGEN DE LAS 12 UVAS DE FIN DE AÑO

Mucho se ha hablado del 15M, en el que los indignados españoles tomaron la plaza del Sol de Madrid, pero poco de las uvas de fin de año. Y es que, entre estas dos historias, hay un sorprendente paralelismo.

Nos encontramos a finales del siglo XIX. El canal de Panamá está en construcción y Jack el Destripador está haciendo de las suyas. Sin embargo, abstraídos de tan tumultuosos e importantes asuntos, en España los burgueses brindan por el año nuevo con champaña, la cual acompañan de uvas (lo cual es bien a las claras redundante). Era una moda snob llegada de Francia, así que nada que objetar, y que, además, solo estaba al alcance de personas acaudaladas.

Mientras tanto, el pueblo llano, pobre y con ganas de juerga, se lanzaba a las calles a celebrar a su manera la esperanza de un nuevo año, de una nueva oportunidad de salir de la miseria con la que convivían. Pero tanta algarabía resultaba molesta para la Iglesia Católica, amante del silencio, el recato y la siesta del borrego. Así que, siguiendo sus consejos, el ayuntamiento de Madrid prohibió los festejos.

Pero si hay algo que un español no tolera que le joroben es una fiesta. Por tanto, ni cortos ni perezosos, los madrileños se reunieron en la plaza del Sol para escuchar las campanadas de Nochevieja (aunque os extrañe, la aparición de Ramón García fue posterior a esta fecha). Además, como se habían venido muy arriba, reunieron los cuatro maravedíes que tenían en el bolsillo y compraron racimos de uva para mofarse de la costumbre afrancesada de las clases pudientes.

Como podéis imaginar, esta costumbre se instauró en la sociedad madrileña y desde entonces los productores de uvas hicieron su agosto en invierno. Ellos mismos las pusieron a la venta bajo el atrayente nombre de «uvas de la suerte».

El estacazo final llegó en 1909, cuando se produjo un gran excedente de producción en Alicante. Había que vender tanta uva fuese como fuese, y con ese objetivo se creó una potente campaña de marketing, que extendería esta sana costumbre por todo el país.

Así que ya veis, la revolución del 31D también quedó en nada y, por si fuera poco, ahora tenemos que atragantarnos con uvas al son de las 12 campanadas.

ORIGEN DEL CAGANER

¿Hay algo más navideño que alguien atorando el retrete después de una buena comilona? Esto debieron pensar en Cataluña, allá por el siglo XVII, fecha en la que se datan los primeros caganers encontrados en la mágica Montaña de Montserrat (¿no sería esto lo que vinieron buscando los nazis?).

De hecho, se considera que no colocarlo en el Belén trae mala suerte al hogar. Y no podía ser de otra manera en la sociedad rural en la que se gestó esta tradición. El caganer no solo está solventando un apretón, también fertiliza la tierra de cultivo al mismo tiempo. Estamos hablando de auténtico reciclaje, no de un acto de simple desfachatez. Mediante este acto se garantizaba así el sustento de la familia en el año venidero. Aunque el más conocido sea el caganer catalán, hay otras regiones en donde existen figuras similares. El Pêre La Colique (Padre Cólico) en Francia, el Cacone en Napoles o Cagoes en Portugal son algunos ejemplos, y no me negaréis que todos los nombres son geniales.

Aunque toda la fama se la ha llevado el caganer, existe otra figura no menos importante en el ciclo de la vida: el pixaner. Este simpático personaje riega la tierra que su compañero ha abonado. Son los Batman y Robin de la excreción. Para terminar, os dejo una imagen de ambos en acción.

EL ROSCÓN DE REYES

¿Quién no se ha tragado un haba con tal de no pagar el roscón del año siguiente? Este carismático dulce en el que escondemos muñequitos tiene su origen allá por el siglo II a.C., cuando la religión dominante en nuestras tierras era la pagana. Saturnalia era una festividad que festejaba el solsticio de invierno, y que, obviamente, estaba dedicada a Saturno (el titán Cronos de la mitología griega, famoso por devorar a sus hijos recién nacidos). Sin embargo, cuando no devoraba niños, el buen Saturno se ocupaba de que las cosechas fueran prosperas.

En ese periodo del año, la siembra llegaba a su fin y los domini premiaban a sus esclavos por su trabajo con una torta de miel, higos y frutos secos. Fue a partir el siglo II d.C. cuando esta torta fue convirtiéndose en algo parecido al roscón de reyes. Se introdujo el haba, aunque por aquel entonces significaba fertilidad y buena suerte.

Pero el destino es caprichoso, y lo que comenzó como una fiesta para esclavos, una muestra de la generosidad de los ricachones del Imperio Romano, terminó siendo adoptada por la aristocracia europea. La nobleza se reunía para merendar y descubrir quién sería el Rey del Haba, es lo que tiene el exceso de tiempo libre.

Cuentan los rumores que un cocinero de la corte de Luis XV tuvo la idea de esconder monedas dentro del roscón para sorprender a su serenísima majestad. En mi opinión tuvo suerte de que el rey no se atragantara, pero las monedas gustaron y se convirtió en tradición. Como es lógico, el haba ya no la quería nadie y pasó a representar la mala suerte.

2 comentarios

Vicente diciembre 25, 2021 - 2:23 pm

Buen artículo, compi

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C.G. Demian diciembre 27, 2021 - 10:21 am

Gracias! Había que colaborar con mi gran espíritu navideño

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