Bajo el Dolmen 25: Entremés

por Francisco Santos Muñoz Rico

La escena se desarrolla en la terraza de una conocida cervecería del Infierno. Todas las mesas están a reventar. Las mesas vip son las que dan al Leteo, por donde deambulan patos desmemoriados a la espera de algún trozo de pan caído, o las más de las veces: un gargajo. En una de estas mesas para la creme de la creme infernal se sientan cuatro singulares señores: Howard (todos le llaman HP, como a la marca de ordenadores), Robert (a este no hay cojones de ponerle un apodo —aunque todos están muertos, no es bueno cabrear a Robert—), Edgar y Edward (al que apodan Dunsy, por el nombre de su antigua baronía, y para diferenciarlo del primer Edgar). Quedan dos sillas vacías, cada una marcada con el nombre de su futuro y egregio ocupante (Steve y Clive), aunque los otros cuatro los llaman “los niñatos”.

HP: ¿Te apetece otra cerveza, Robert?

ROBERT: ¡¿Cagan los Mi-Gos en los bosques?!

HP: Dunsy, acércate a pedir otra pinta para Robert.

Dunsy es como el chico de los recados, pero simplemente por estar habitualmente “en Bavia”; es maleable.

Edgar se apresura a pedirle a Dunsy que, de paso, traiga más grog, que suele rebajar con mucha agua, ya que, incluso muerto, el alcohol saca lo peor de él, como aquella vez en esa cena con peces gordos instigada por W. Irving… menuda la lió el viejo Edgar entonces; no puede evitar sonreír abiertamente.

HP: ¿De qué te ríes, Edgar?

EDGAR: Recordaba un feliz episodio, jejeje. Un amigo intentó echarme un cable y le decepcioné, como fue habitual con todos mis amigos…

ROBERT: Joder, eres un negro cuervo, siempre penando y lamentándote. Estamos muertos, joder, ¡vive un poco!  Mírame a mí.

(Al decir esto se ha señalado el tremendo agujero en la cabeza, recuerdo de su suicidio, una vieja broma entre ellos).

Todos ríen. Dunsy llega con las bebidas.

HP: Hay guerra nueva en la Tierra, Rusia y Ucrania.

ROBERT: Bah, nada nuevo bajo el sol, pero dime: ¿has leído algo interesante últimamente?

HP: Solo outsiders, gente que publica gratis en eso que llaman internet, o si no gratis, vende su literatura casi a precio de imprenta. Pero es que hay demasiados escritores, ya casi solo releo a los viejos historiadores, Herodoto, Tucídides, Polibio, y peña así.

EDGAR: Coño, pues habla con ellos, están dos mesas más allá…

HP: Quita, quita, una cosa es leerlos, y otra tratarlos; además: no soporto ni sus togas (impúdicas), ni sus disolutas e intempestivas costumbres.

ROBERT: ¡Jajaja, son unos puercos, solo piensan en sodomía y mancebos!

DUNSY: A mí me caen bien…

Los otros tres rompen a reír estrepitosamente.

ROBERT: Si al final van a tener razón nuestros biógrafos y somos todos unos racistas y unos intolerantes. Pero en fin: no soporto a esos griegos apestosos. Y seguro que ellos no soportan a los tejanos que olemos a vaca y desierto, es natural: el odio mueve el mundo, solo la literatura nos salva. Después de todo nos leemos los unos a los otros. Os juro que he visto a Maquiavelo leyendo Las uvas de la ira sentado aquí mismo, y cosas más raras. Aquí las bibliotecas siempre están a rebosar, no como allá en la Tierra. Es lo único que nos queda en el Infierno: alcohol, libros y charlas con los colegas junto al Leteo.

DUNSY: No te olvides de la sodomía.

Nueva explosión de risas incontroladas.

EDGAR: A mí me gustan algunos poetas actuales, pero muy pocos, la gran mayoría escribe basura deslavazada. Aunque alguno hay que, sin querer pecar de vanidad, sigue claramente mi estela.

HP: ¡A veces te pones de un pomposo! Pero tienes razón: la mayoría es basura deslavazada, y de hecho son los outsiders que decía antes casi los que solo se salvan en poesía, gente que, como yo (sin querer yo pecar tampoco de vanidoso) escribe por gusto, y no por más consideraciones. Luego están los editores, que los hay desde vomitivos a repelentes, salvando a cuatro mal contados: la literatura, desde el principio, estuvo mal planeada, nunca debió convertirse en negocio de semejante envergadura: se devalúa la mercancía horriblemente…

ROBERT: ¿Y qué cojones no es negocio? Sin comercio, la literatura ya no sería un cadáver del que se alimentan las larvas, sería una momia seca, polvo, olvido.

EDGAR: Pero siempre acabamos igual. Ni tanto, ni tan poco: hay de todo: fijaos en los niñatos, son millonarios los dos (y bien merecido que se lo tienen), y practican alta literatura, es decir: escriben lo que les sale de los cojones. Y aún así venden no miles, sino millones de libros.

DUNSY: Si me permitís meter baza, chicos, estos dos, los niñatos, han sabido agarrar el toro por la cornamenta y domarlo a maravilla, se han dejado llevar por la diáspora del arte: cine, series, videojuegos, cómics, en todo han metido las zarpas. Hay mucho en su éxito, como en todos los éxitos, de estar en el sitio adecuado en el momento oportuno, pero el resto se lo han ganado a pulso.

Miran las dos sillas vacías con un sentimiento trágico en las miradas cargadas, como con una inconcebible mezcla de nostalgia, envidia y amor. Todos fueron, en vida, miserables y sin éxito, excepto Dunsy, que gozó de acomodada posición.

El momento solemne es roto por una estentórea ventosidad de Tucídides, dos mesas más allá.

HP: ¡Qué asco! Mirad su toga. Parece que algo bituminoso se desliza entre sus piernas…

ROBERT: ¡Infiernos, voy a arreglar cuentas con esos botarates desviados!

Como siempre sucede, Robert se lía a tiros con los más famosos y mejores historiógrafos griegos. Mientras HP y Dunsy se quedan, asustados, al margen, Edgar se dedica a bajarse el pantalón y enseñarles el esmirriado pene como muestra de desprecio plutoniano. En una de las mesas contiguas a la contienda, Franz se levanta hastiado y John, citándose a sí mismo en Cannery row, declama: «Oh, you dirty son of a bitch», mientras agarra una botella del gollete y la quiebra contra el borde de la mesa.

Otra tarde en el Infierno, donde todo es alegría y buen humor.

7 comentarios

Juan Cabezuelo marzo 21, 2022 - 11:59 am

Qué siempre nos quede esa alegría y buen humor.

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Alberto de Prado marzo 23, 2022 - 11:13 pm

Me ha recordado la revisión del Infierno de Dante que hicieron Larry Niven y Jerry Pournelle. Humor que no falte.

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Morrigang marzo 21, 2022 - 4:43 pm

Más de esto, por favor.

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FRANKY marzo 21, 2022 - 4:45 pm

Jajajaja, se tendrá en cuenta este requerimiento muy seriamente

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vicente marzo 21, 2022 - 4:57 pm

Ese Franky! Mientras leía estaba viendo la escena en un cine. Qué buena comedia infernal sería.

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León marzo 23, 2022 - 12:57 am

Qué bonito.

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Rashan marzo 23, 2022 - 8:05 am

Falta Oscar Wilde pagando su furia con tirios y troyanos!!! jajajaj

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