XXXII Club de Lectura de Terror: CUENTOS DE AMOR DE LOCURA Y DE MUERTE

por José Luis Pascual

El naturalismo y la tragedia formaron una parte indisoluble de la vida de Horacio Quiroga. Su colección Cuentos de amor de locura y de muerte indaga en el corazón de un autor torturado que supo franquear su propia miseria para regalar una serie de cuentos universales. 

Dejamos aquí las conclusiones de esta edición del Club de Lectura. Incluimos una reseña con apuntes de cada uno de los relatos de la colección, seguida de las opiniones de varios miembros del Club. Para terminar, ofrecemos el debate que tuvo en lugar el pasado 3 de abril.

Esperamos que os guste.

Con Horacio Quiroga he tenido una relación curiosa. Los relatos incluidos en Cuentos de amor de locura y de muerte me tuvieron intrigado desde el inicio al final gracias a su variada y en general triste concepción de las historias. Si bien no sentí una gran fascinación, reconozco que poco a poco sus personajes, y la mirada con que estos observan el mundo, fue dejando un poso que asumo perdurable. Sin grandes estridencias estilísticas pero con una enorme fidelidad a un estilo sobrio, Quiroga se antoja como creador de un imaginario a veces primitivo, a veces meramente instintivo, y otras veces perverso y descorazonador. Hablaré brevemente de los cuentos incluidos en la colección.

Una estación de amor: Relato dramático y romántico que, a pesar de su tono clásico, anticipa la temática del desamor tan presente en la literatura moderna. Hay algo inquietante en la figura de la madre de Lidia, que poco a poco parece ir representando a un monstruo, hasta sus últimos momentos. Que el relato no acabe bien ya es rompedor.

La muerte de Isolda: Extraño cuento por su estructura, empieza con un narrador en un teatro y sigue con el espectador sentado a su lado, que le cuenta a posteriori su historia de amor con la mujer del palco. De nuevo el desamor, parece un poco un resumen del cuento anterior.

El solitario: Primera pieza de locura y de muerte por derecho, en un texto que tiene mucho de fábula clásica sobre un joyero y su caprichosa mujer. Quizá un poco paródico en el tratamiento de la mujer, es uno de esos cuentos que te obliga a ponerte en contexto.

Los buques suicidantes: Intrigante y breve cuento que bien puede enmarcarse en el género de terror. Uno tras otro, los ocupantes de un barco se van lanzando al mar. La idea es muy potente, de esas que te mantienen ojiplático hasta el final, pero el desenlace no queda muy claro.

A la deriva: Tanto la descripción de la selva como los últimos párrafos, en la que se narra la súbita mejoría del hombre justo antes de morir, me parecen de una maestría absoluta. Esos detalles de recordar personas de su vida, y perder la mente intentando recordar cuándo había visto a un amigo por última vez, le dan una humanidad increíble al cuento. Solo por eso, ya merece la pena.

La insolación: De mis favoritos pese a estar algo recargado en el lenguaje. Pone el foco en un grupo de perros que ven a la muerte, con lo que presienten el inminente fallecimiento del dueño. Está muy lograda la sensación de aburrimiento y de no tener nada que hacer. Me encanta esa ambientación que Quiroga repite en sucesivos cuentos.

El alambre de púa: Increíble. Casi desarrollando la intención del cuento anterior, aquí Quiroga le da el protagonismo a dos caballos. Me parece prodigioso cómo nos mete en la cabeza de unos animales y lo hace tan creíble que nunca dudas de que un animal sienta esas cosas, piense de esa manera e incluso hable como aquí hablan. La historia no es muy novedosa, pero en un cuento así es secundaria.

Los mensú: Otra maravilla que se hace un poco cuesta arriba al principio por la gran cantidad de localismos, pero que remonta hasta convertirse en un historión. Asistimos a la odisea de dos jornaleros que tienen sueños de escapar, y que finalmente lo hacen aunque uno de ellos ha cogido fiebre. El trayecto de los dos personajes es en sí mismo una novela resumida, y me parece casi un anticipo de lo que luego escribió Cormac McCarthy, las raíces están ahí.

La gallina degollada: Brutal y perverso. Es la historia de un matrimonio con cuatro hijos en estado cuasi vegetativo y una hija. La figura de los cuatro hermanos se revela como una amenaza inmóvil pero siempre presente, ya sea en su concepción como destructor de matrimonio o como, finalmente, mano ejecutora de una acción que simplemente están replicando. Fantástico.

El almohadón de plumas: Más sencillo en su trama, se cuenta la historia de una mujer que enferma y va languideciendo poco a poco. El cuento basa su poder en el desenlace, que de algún modo admite hermanamiento con el mito vampírico. Quiroga consigue transmitir repulsa y asco al final, cosa nada sencilla.

Yaguaí: Relato que se me hizo demasiado recargado y poco anclado a una escena. Tiene imágenes potentes, como la manera en que el perro caza ratas o el propio desenlace, muy cargada de tristeza, pero se me hizo un poco pesado.

Los pescadores de vigas: Breve cuento que retrata las duras condiciones de trabajo de los peones que, por querer sus jefes ahorrarse la plata, se ven obligados a lanzar las grandes vigas de madera al río, y que este las transporte. Pero hay indígenas, como Candiyú, que las roban para venderlas, en este caso a cambio de un gramófono. Con cierto humor, volvemos a ver las duras condiciones de la vida en la selva.

La miel silvestre: Gracioso y terrible relato al mismo tiempo. Un hombre busca la aventura del bosque debido a la influencia de leer a Julio Verne y termina acosado por «la corrección», una suerte de ríos de hormigas carnívoras. Ojo a la primera página, ejemplo de humor.

Nuestro primer cigarro: Entrañable cuento sobre las travesuras de dos hermanos que fuman por vez primera una pipa en el bosque. Podría haber sido un texto muy perverso, pero al final queda en anécdota y, para mi gusto, pierde impacto.

La meningitis y su sombra: El libro acaba con este cuento largo de amor que, gracias a su originalidad, logra captar el interés del lector hasta el final. Un final en el que hay un pequeño guiño metaliterario y, creo, autobiográfico.

En general, ya digo, los textos pasan por la cabeza del lector con una naturalidad de bosque y, como tal, van creciendo con el tiempo hasta conformar un magnífico abanico de historias. El contraste entre lo urbano y lo salvaje toma cuerpo y enfrenta algunos relatos con otros, mientras que ese combate termina en abrazo en muchos de los cuentos centrales. Si bien la trágica vida del autor se asoma en diferentes esquinas de la antología, diría que los temas que toca Quiroga van mucho más allá y logran saltar del corazón del escritor a lo universal. Eso ya implica un mérito tremendo. 

A destacar, una vez más, la cuidada edición de Luz Negra, que incluye cuatro textos teóricos en los que Horacio Quiroga remarca algunos de los mecanismos creativos más socorridos para cuentistas que empiezan. 

Los miembros del club hablan:

Se trata de una colección de cuentos del escritor uruguayo, considerado un clásico, Horacio Quiroga. Haciendo referencia al título podemos hablar de cómo aparece el amor; generalmente apasionado y a veces tormentoso o atormentado, algo propio del romanticismo del siglo XIX. También de locura, ya sea inducida por drogas o enfermedades, y de muerte como fruto de todo lo anterior.

Algunos cuentos se narran desde el punto de vista de los animales para mostrar a un ser humano terrible, o reinterpretarlo desde otra perspectiva. La selva como amenaza constante y el colonialismo como elemento invasor serán otras de las claves de esta colección.

Hoy en día pueden parecer inocentes a los ojos de la mayoría de los lectores. Sin embargo, si se contextualiza la lectura en la época resultarán grotescos o lovecraftianos varios de ellos.

Susana Calvo

En la variedad y brevedad de los relatos que componen este Cuentos de amor de locura y de muerte se adivina la vida azarosa y ajetreada de Quiroga, que merecería un artículo aparte. Como su nombre indica, en la obra tenemos cuentos de amor (influidos por el decadentismo), cuentos de locura (entreverada de amor, u obsesión amorosa, o enfermedad) y, sobre todo, cuentos de muerte. Porque se muere mucho y se muere despiadadamente. La naturaleza aparece fría, dura y carente de sentimentalismos, y como tal contamina la narración, lo que provoca que algunos de los relatos carezcan de un final totalmente satisfactorio. Uno se queda un poco perplejo ante el sinsentido de una realidad fielmente reflejada, sin los subterfugios de una ficción acomodaticia. En decisiones como estas se puede intuir el carácter pionero de la colección y la causa de su celebrada acogida en 1917.

A este humilde reseñador le ha recordado, en su variedad y sus influencias, aunque en un tono bien alejado, al Rey de Amarillo, de Robert W. Chambers. El legado de Edgar Allan Poe es evidente en los relatos más turbios.

Personalmente no he podido empatizar con ninguno de los cuentos protagonizados por animales, cuya narración está trabada por amplios pasajes de soberbia descripción de la naturaleza, que considero entre lo mejor del libro junto con las primeras frases de algunos de los relatos (“Su luna de miel fue un largo escalofrío”, El almohadón de plumas).

Aunque uno pueda encontrarse más o menos a gusto con el estilo de Quiroga, todos los relatos tienen el enorme mérito de la brevedad, es decir, de una eficiencia en mantener lo que es fundamental en la acción, en los personajes y en lo que se muestra y lo que se sugiere. Esta capacidad para ir directos al grano potencia la sequedad e impacto de los cuentos más inquietantes. Entre ellos, me quedo con La gallina degolladaEl infierno artificialLos buques suicidantesEl almohadón de plumasEl perro rabioso (que, curiosamente, me ha recordado a la narrativa zombi actual), La miel silvestre y Nuestro primer cigarro.

En resumen, una lectura breve, con la que no siempre puede uno empatizar, pero muy enriquecedora.

Bernard J. Leman

Para concluir, os dejamos con el debate realizado en directo el pasado 3 de abril, que contó con la participación de Elena Romea, Daniel Piniella, Lorena Escobar, Daniel Lorenzo y un servidor. Esperamos que os guste.

Próxima lectura: La casa infernal (Richard Matheson)

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