VII CLUB DE LECTURA DE TERROR: LA MALDICIÓN DE HILL HOUSE (Shirley Jackson)

por José Luis Pascual

La vuelta a la actividad del Club de Lectura ha venido de la mano de La maldición de Hill House, novela de Shirley Jackson que está de plena actualidad gracias a la adaptación a serie de televisión que recientemente ha estrenado Netflix. Pese a que todo apuntaba a una historia clásica de fantasmas al estilo gótico, podréis comprobar en mi reseña y en la opinión de los miembros del Club que la experiencia no ha sido todo lo gratificante que esperábamos; y es que el prestigio que acarrea la novela no se corresponde, para nuestro gusto, con su calidad literaria.

Os dejo con mi reseña de «La maldición de Hill House» seguida de las opiniones de algunos de los miembros del Club.



LA MALDICIÓN DE HILL HOUSE (Shirley Jackson)

Shirley Jackson era un poco bruja. No lo digo yo, su propio marido hizo públicas las aficiones ocultistas de su esposa, y su hijo Laurence llegó a explicar que un día su madre desatascó un fregadero mediante una invocación. ¿Le sirvieron estos conocimientos a la hora de escribir La maldición de Hill House? Vamos a intentar dilucidarlo.

Empezaré este artículo confesando una parte de mi “método de trabajo” a la hora de abordar una reseña. Habitualmente acostumbro a escribir notas a medida que voy leyendo, escrutando el texto en busca de puntos de interés y apuntando lo que más me llama la atención. Esto puede llevarme, en ocasiones, a contrastes muy marcados entre la primera impresión y la valoración final. En el caso de «La maldición de Hill House», he sufrido este efecto a un nivel que pocas veces he sentido, haciendo que mi visión de la novela de Shirley Jackson haya ido mutando de manera espectacular según pasaban las páginas. Lamentablemente, no puedo decir que lo que empezó como algo flojo terminó siendo una obra sensacional, sino más bien todo lo contrario. Para ilustrar esto, voy a transcribir en primer lugar un pequeño extracto de lo que la novela me sugirió en sus primeros capítulos:
“La prosa de Shirley Jackson se alza sobre las colinas que protegen Hill House, alcanzando un nivel superior a lo acostumbrado dentro del género. Pero ojo, esto no se materializa en frases engoladas o complicados artificios narrativos, sino en una sutilidad y delicadeza admirables que, sorprendentemente, ayudan a la construcción de una atmósfera que se va cargando a medida que pasan las páginas”. 

Con esto os podéis hacer una idea de las expectativas que la propia historia iba generando en mí. Sin embargo, esas sensaciones se fueron diluyendo de manera irremisible a medida que la autora convertía lo que en apariencia era sutileza y ambigüedad en algo mucho más naif. Pero antes de desarrollar esto, apuntemos un par de cosas.

Resulta llamativo que Shirley Jackson altere la estructura habitual de los relatos de fantasmas, ya que durante el primer tercio de la novela ya nos ha detallado el pasado de Hill House y los motivos que llevaron a la mansión a ser considerada un lugar encantado. Me gusta que la autora no vaya a lo fácil en este sentido, pero viendo lo que sigue después me parece extraño este proceder de Jackson.
Todo el relato está narrado en tercera persona, pero es una tercera engañosa, ya que la autora nos introduce en la mente de Eleanor, sin duda el personaje mejor perfilado y con mayor carga psicológica, con lo que en realidad asistimos a una primera persona falsa. Este tratamiento se deja notar desde el principio de la novela, y a través de los ojos de Eleanor vamos a contemplar a sus tres compañeros de aventura y, sobre todo, a la ominosa y vil mansión que es Hill House. 
Uno de los mayores problemas que ha salido a relucir en las conversaciones por chat de los miembros del club no es achacable a la novela en sí. Se trata de la inevitable comparación con La casa infernal de Richard Matheson. Y es que el haber leído antes la obra de Matheson —cosa que nos ha pasado a unos cuantos— hace que la novela de Shirley Jackson palidezca en casi todos sus apartados. Porque, bajo mi punto de vista, «La casa infernal» es la sublimación de la temática de casas encantadas, siendo una de las obras que mejor ha sabido potenciar todos los elementos terroríficos que se le atribuyen a este subgénero. Lo que en «La maldición de Hill House» es ignorado o convertido en algo delirantemente inocente, Matheson sabe convertirlo en todo un estudio de la perversión, resultando tal vez demasiado explícito pero sin duda tremendamente efectivo. 
En general, la novela sigue un curso descendente, como si se hubiera decidido a lanzarse desde las cumbres de las colinas que escoltan Hill House. Tan es así, que cuando llegamos al desenlace nos preocupa poco lo que pueda acontecer a los personajes. Gran parte de la culpa de esto, si no toda, la tiene el extraño comportamiento que Shirley Jackson otorga a sus criaturas. No me refiero solo a algunos de los pensamientos de Eleanor, sino a las numerosas reacciones de carácter infantil que tiene el cuarteto protagonista, y que resultan del todo incongruentes en el marco de una historia de terror. Es por ello que, a pesar de contener todos los elementos clásicos del género —la propia mansión encantada, los fenómenos paranormales, la investigación y el entorno pretendidamente ominoso—, cuesta reconocer a «La maldición de Hill House» como una novela de terror. Un ejemplo de esto lo tenemos en el total desaprovechamiento de la planchette, un artilugio parecido a la ouija que nos podía haber regalado una potente escena (cosa que sí recoge Matheson en «La casa infernal» en un sublime pasaje con ectoplasma incluido) pero que queda relegado a una triste mención en un diálogo. 
Y ya que hablo de los diálogos, vuelvo a insistir en la incongruente manera de expresarse de los personajes, mostrando siempre una candidez superlativa aún en los momentos más extremos. No sé si la intención de la autora era mostrar un contraste entre el terror y la inocencia, pero el resultado es sumamente desconcertante.

Más allá de esto, para mi gusto Shirley Jackson malgasta demasiado espacio en perfilar la personalidad de Eleanor, espacio que podría haber aprovechado para contar algo más de los otros tres protagonistas. Tanto Theodora como Luke y el doctor Montague quedan bastante desdibujados, sin que se nos proporcione mayor trasfondo que un pequeño esbozo de quiénes son. Tal vez por ello la novela, al igual que sucede con la extraña arquitectura de Hill House, adopta una estructura algo desigual en sus proporciones que puede confundirnos respecto a su naturaleza como obra de terror. 

Para no terminar con demasiado mal sabor de boca, he de reconocer que en el último tramo la autora parece recobrar el brío y la sutileza que mostraba en los primeros capítulos, haciendo que el desenlace no sea el doloroso golpe que anticipaba todo el patinazo anterior. Lástima que lo que compone el grueso de la novela no esté a la altura de lo esperado. Me parece de un mérito portentoso lo que ha hecho el director Mike Flanagan al adaptar esta obra al formato televisivo. Recoger los mejores puntos del texto de Jackson y darles una forma y un fondo dramático totalmente coherentes no es algo baladí. Es posible que ello convierta a la serie de Netflix en la versión definitiva de la obra. 
Ciñéndome a la novela, la única conclusión a la que puedo llegar es que, a pesar de algunos buenos detalles, como obra de terror «La maldición de Hill House» resulta muy decepcionante leída en la actualidad ya que carece del mínimo punch que logre enganchar al lector moderno. No siempre las historias escritas envejecen bien, y este caso es un buen ejemplo. Tal vez Shirley Jackson invocó al espíritu equivocado cuando se dispuso a escribir este relato.


Los miembros del Club hablan:

Jota García Romero (@jotagarcaromero en twitter)

“Que una novela cuente ya con tres adaptaciones cinematográficas (la última en formato de serie) hace augurar que nos encontramos ante una obra clave en la literatura de terror. Conforme uno comienza la novela, la ambientación que va creando la autora te hace albergar esperanzas, pese a que chirrían algunos párrafos, situaciones y conversaciones entre personajes. Pero a medida que el lector avanza en en la lectura, descubre tristemente que dicha ambientación no termina de aprovecharse ni desarrollarse adecuadamente, y que lo que al principio chirriaba, conforma el grueso de la novela, convirtiendo personajes, interacciones entre éstos y situaciones en un ridículo constante que en ocasiones puede provocar la vergüenza ajena del más estoico. 
Aún más irritante, si cabe, es que no se aprovechen situaciones inquietantes que luego no solo no llevan a nada, sino que en algunos casos ni siquiera aportan nada a la historia. La única esperanza que le queda al lector es una traca final que nunca llega, mientras pasa las páginas desesperado descubriendo pasajes cada vez más risibles y personajes que parecen sacados de un Gran Hermano VIP en una carrera por ver quién es más insoportable e inverosímil. Un despropósito que solo se salva por ver el destino que corre el personaje que habría ganado dicha carrera, y que te hace pensar que los responsables de las adaptaciones cinematográficas han sacado petróleo de un pozo seco”.

Juan Carlos Pascual (del canal TOC Libros):
“Partiendo de una premisa que ya se me hace cuanto menos difícil de creer, la historia se desarrolla a través de unos personajes que tienen un comportamiento bastante ligero y casi infantil entre ellos. De hecho hasta pasada la mitad del libro tenía la sensación de estar leyendo una novela juvenil, o casi infantil como dije, lo cual se hace extraño para un libro de terror sobre una casa encantada. A veces simplemente parece un “Gran hermano” ambientado en ese edificio llamado Hill House.
A partir de ahí se me hizo muy difícil entrar en la historia de manera seria, incluso el personaje “central” (Eleanor) se me hizo bastante insoportable. No entendí sus motivaciones, y la manera en que su psique se altera por el hechizo del ambiente no hace que le tenga más cariño, si no todo lo contrario. Y si llego a leer ese pensamiento redundante de Eleanor (“los viajes acaban con el encuentro de los amantes”) una vez más… hubiera lanzado el Kindle por la ventana!!
Sí es cierto que hay un par de pasajes en los que la atmósfera está muy conseguida, y el final me gustó en cierta manera, pero el global no deja de ser mediocre en mi opinión”.



Asen Ahab (@todaviasombras en twitter):

“La sensación que me queda al terminarla es que esta historia ha envejecido mal, que ya no sorprende, que en la actualidad hemos leído ya tanto, que Hill House no nos aporta nada. Es un clásico, sí, que ya se siente demasiado clásico. Y no quiero adentrarme más, porque si tengo que hablar de sus protagonistas…”.

Kike Mollá:
Otro clásico que pasa por la lupa del club de lectura y que hace estallar en pedazos la leyes o reglas que supuestamente debe cumplir un relato o novela para considerarse de lectura obligada o referente para siguientes escritores o lectores. Ni mi escritor favorito Stephen King con sus frases alabando esta historia la salvan de mi lupa, una lupa que no sé si es excesivamente grande, gruesa o que mi ojo no ve bien, pero la novela de la señorita Shirley Jackson me parece de lo más plana y poco emocionante que he leído nunca, con: unos personajes sin carisma; conversaciones ridículas y que terminan sin sentido; los dos personajes más misteriosos apenas intervienen y uno solo sale al principio; el doctor/investigador es un lameculos sin carácter de su esposa/médium; el principal personaje del libro, mejor me callo como del resto de personajes; y la casa, que es lo mejor de la historia, bien descrita y con posibilidades de aterrorizar se queda en un bluf, prácticamente no ocurre casi nada durante las doscientas páginas que tiene mientras yo como lector esperaba algún cambio o revolución en en el momento menos pensado… pero tonto de mí que llega la última página dejándome con un final digno de esta novela tan insulsa, fría y ridícula como todas sus páginas. Por favor lean La casa infernal, El resplandor u otras antes que ésta y si no tienen nada a mano cojan las instrucciones del televisor que entretienen bastante más“.


Rocío Muñoz:
La maldición de Hill House es una novela que no recomendaría a los amantes del terror. Podría ser más una novela dramática que una novela de terror, pero ni siquiera la catalogaría como drama ya que no empatizas con los personajes ni en lo triste de sus historias personales. El argumento en un principio promete: un profesor de filosofía decide estudiar los fenómenos paranormales con un grupo de desconocidos en una casa encantada. Hasta aquí pinta bien, pero la ambientación que recrea la escritora en la descripción de la mansión pierde totalmente fuerza en los diálogos y en el comportamiento de los personajes, que rozan lo absurdo e infantil”.

Dr. Freudstein (del blog Dr. Freudstein’s Reviews):
“La obra de Shirley Jackson es difícil de abordar, en primer lugar porque hay que saber dónde nos metemos. No es una obra fácil, no esta hecha para ser un best seller, no lo pretende. Es una obra angustiante y difícil y que hace perder los nervios en varias ocasiones en parte por su atmósfera, en parte por sus personajes. Pero eso es lo que pretende.
Hay que tener en cuenta también el período histórico en el que se enmarca y la gran creatividad que supone esa narrativa para la época además del trato que da a los fantasmas, lejos de los monstruos con mantas en la cabeza y los sustos fáciles. Y más cercanos a expresiones de nuestros miedos e inseguridades.
No es la mejor novela de terror, pero por importancia histórica, y por toda la serie de elementos que aporta a la literatura de género sí que es una de las que marcan un antes y un después”.

Javier Molano:
La Maldición de Hill House, no sé muy bien por dónde empezar ni cómo para valorar mi impresión sobre este libro… lo que tengo muy claro es que no lo encuadraría en el género de terror. Se divide en cuatro partes bien diferenciadas: una inicial que incluye la presentación del personaje de Eleanor Vance, el cual me parece que es el elegido por la escritora para contar sus propias neuras a través del relato, y el viaje de esta a Hill House; una segunda parte en la que se incluye el encuentro de Eleanor con el resto de personajes en la casa; una tercera que relata la convivencia de los cuatro personajes en la casa y una cuarta parte que empieza con la llegada de la señora Montague a la casa y desemboca en el desenlace final. Dicho esto, la primera y la cuarta parte del relato son las que me han parecido más dinámicas y mejor escritas, ya que me han enganchado de alguna forma al relato. La segunda y tercera han sido un poco más arduas de leer porque creo que la escritora está contando sus propias neurosis y experiencias personales a través de la historia y es muy difícil conectar con ellas si no vives lo mismo. En definitiva me parece un libro muy interesante en cuanto a lo que trata de contar detrás de todos estos personajes plagados de problemas y neurosis, con un final muy adecuado, pero que no lo metería en el género de terror. La forma de escribir de Shirley Jackson me parece entretenida por momentos y el libro en sí, aunque no me parece una maravilla, me ha gustado porque creo que cuenta una historia personal de una forma muy imaginativa (tal y como lo haría una persona neurótica)”.

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Próxima lectura : Cuando el diablo se aburre (Ignacio Cid Hermoso – Dilatando Mentes)

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