Bajo el dolmen 15: La situación adecuada

por Francisco Santos Muñoz Rico

Situémonos: estamos viendo una peli de miedo, todo es un cliché; no es malo esto, es lo que es, lo que toca y lo que queremos. Voy a elegir la última peli que vi como percha para este artículo: Voces, de Ángel Gómez Hernández, que tenéis en una famosa plataforma (no digo el nombre porque no me pagan, claro).

Esta película tiene un guiño gracioso a Don Germán de Argumosa y a Jiménez del Oso, o igual lo veo yo solo, ¿quién sabe?

De primeras quiero dejar clara una cosa sobre mí, ya sabéis que no tengo nada que ver con la objetividad, y que de hecho soy su enemigo: desde mi adolescencia he leído e investigado incansablemente todo aquello que tiene que ver con lo oculto: parapsicología, demonología, historia del ocultismo, espiritismo, fantasmas, ouija, extraterrestres y ovnis, me he empapado de las teorías evolutivas de Terence Mckenna,  del camino único y al tiempo universal de J. J. Benítez, de la sicología holotrópica del buen Stanislav Grof (que fue monje en otra encarnación), de las perogrulladas demoledoras de Osho (aunque no tenga nada de oculto y sí de todo lo contrario), de las historias ciertas y verdaderas de Tuesday Lobsang Rampa, de la energía como fluye en el universo y del camino de un hombre verdadero de la mano de Don Juan Matus y Carlos Castaneda, de los misterios en las catedrales con el obscuro Fulcanelli, del total y absoluto compendio filosófico y espiritual de René Guénon, del tratado de las signaturas del preclaro pupilo de Paracelso Oswaldus Crollius, de los asertos ¡innegables y comprobados ya por mí! de Erik Von Daniken… y de tantos y tantos que sería peregrino y aburrido seguir: lo que quiero decir es que yo, como el agente Mulder, CREO.

Y como CREYENTE he sido vilipendiado, ignorado, tomado por loco, etc. Y no traigo esto a caso por casualidad: la literatura de terror en general es tan poco respetada como esos miles de libros que yo he leído que suelen denigrarse como patochadas y paparruchas; ¡pero cuidado con burlarse del Alcorán o de la Biblia en que se asientan los pilares del mundo (y eso que están llenos de espíritus, demonios y fantasmas)! Y al tiempo qué fácil resulta reducir la teosofía tan compleja de Blavatsky a un montón de chascarrillos… en fin, no dejemos que la depresión se haga con las riendas y volvamos, ya dicho “quién soy yo”, a la peli.

Viendo este tipo de película es normal que uno se diga cosas como esta: ¿Pero por qué se quedan en esa casa? ¿Por qué no se van? Anda que yo me iba a quedar ahí, otra vez a las tres de la mañana abriéndose sola la puerta. Pero cómo pueden ser tan tontos: ¡si una viejecilla del pueblo les ha dicho que es la casa del mal!

Pues no, no se van, se quedan, para empezar: si no, no hay historia. Pero no es tan sencillo. Si tu hijo se despierta a las tres de la madrugada gritando que hay un monstruo, tú no te vas a asustar, nada de eso, como mucho te enfadarás por las horas de menos que te toca dormir, no vas a llamar a un experto en parapsicología, nada de eso, le vas a decir al crío que se duerma de una vez, que no hay monstruos y que como vuelva a dar por culo se queda sin consola. Es así. (No digamos ya que una vieja del pueblo te dice cualquier cosa rara, que la pondrías de loca como mínimo). La causa paranormal es lo último, lo ultimísimo, en que se piensa, y a veces ni se acepta la posibilidad (¡Expediente Vallecas!). Nosotros, como espectadores, sabemos a lo que venimos, pero partimos de que ese padre y esa madre no tienen ni idea: imaginad lo contrario: un experto en ocultismo llega a una casa, su hijo le dice: “papá, la señora del pozo ha dicho que todos moriremos”. ¡Ja! Otro tipo de película tendríamos ante las narices. Lo normal es que el padre sea experto en cualquier otra cosa y responda: ¡anda, niño, al sicólogo de cabeza! Por eso no desagradan los clichés: ellos siempre se quedan, hasta el final, en las amityville y en los hospitales de Tarrasa del mundo: su inepcia es necesaria.

Los protagonistas de Voces, buscando su “situación adecuada”.

Otra cosa que se repite en este tipo de historias y que ha de repetirse: sabes lo que va a pasar, sabes qué se esconde tras la puerta, lo estás viendo venir, te van a dar un susto, ahí viene: ahooooora…. ¡joder! ¡Bu! Y ahí las tenemos, las invitadas de honor, que siempre tienen que venir cuando vemos una de miedo: adrenalina y noradrenalina. La vuelta a las cavernas, al bosque, a la negra noche de la especie. Aún más: sencillamente la confirmación de que estamos vivos, el corazón redobla como un tambor, los ojos se quedaron secos y la respiración quedó contenida, la piel de gallina: después vienen la risa y las miradas culpables y cómplices entre los asistentes a la función. Pero ¿y si mejor vemos la película solos?

Siempre veo yo las películas de miedo, efectivamente, solo y de madrugada, cuanto más aislado mejor. Permitidme que no recuerde si fue Howard, Bloch o algún otro el que escribió un cuento sobre el tema, titulado algo así como La situación adecuada. Tal vez Bierce. En este cuento un personaje se burla del poco miedo que le produce un cuento de terror, y claro: lo ha leído en el transporte público, en una revista. Este mismo señor incrédulo es desafiado a leer un “cuentecito de terror”, como ese que ha denigrado, en ¡la situación adecuada! Y lo hace de noche, solo con una bujía, en una casa abandonada en medio de un bosque; ya imaginaréis que no sale tan tranquilo del cuentecillo como en el trolebús.

Esta es una importante cuestión, la situación adecuada. Por favor: esto es serio, y a ti, lector mío, te lo pido: busca esa película de que te he hablado, por ejemplo, y espera a que todos duerman; el teléfono, ese apéndice electrónico tuyo, por favor, déjalo en otra habitación, si lo apagas: mejor. Apaga todas las luces, cierra las ventanas si vives en medio del ruido de una bulliciosa ciudad. Lo estás consiguiendo, la situación adecuada. Ahora puedes ver la película, no te muevas de donde estás, debes recordar en todo momento que las sombras te rodean, las tinieblas y la película son tus únicas compañeras. Olvídate de mí, y de todo, entra en la película. Si sales, y cómo sales, lo contarás mañana entre risas: lo importante, dice Buda, es el ahora, ¿verdad? Pues ahora es la hora de despertar el cerebro reptiliano: ¡dale caña!

3 comentarios

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Román marzo 22, 2021 - 3:38 pm

El Terror se visiona solo, de noche, y dispuesto a la sugestión, por sus premisas y las tuyas.
No existe obra sin lector o espectador.
Otra cosa es que el cineasta no cumpla con su parte del trato tomando el pelo a su público, o que nosotros no estemos predispuestos.
Una vez aceptas la premisa, corre dentro, déjate llevar.
No existe un producto de ocio que no exija una parte sensorial.
Gran artículo, para variar.

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FRANKY
FRANKY marzo 22, 2021 - 5:01 pm

Gracias, amigo.
Y es cierto que siempre es un baile para dos!!

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Leon marzo 23, 2021 - 4:10 am

Esa viejecilla del pueblo era en realidad La Icha Candicha. Osvaldo Crollius y las signaturas son lo mejor que hay. Lo demás no lo he entendido mucho.

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