El Centinela: H.P. Lovecraft, el negro de Houdini

por C. G. Demian

En los años 20, Harry Houdini era una estrella rutilante que viajaba por todo el mundo haciendo demostraciones de sus poderes físicos y mentales. Allá donde fuera congregaba a miles de personas, incluso había actuado para el mismísimo zar de Rusia. Amasó una gran fortuna con la que pudo comprar, entre otras cosas, un vestido que en su día perteneció a la reina Victoria, y que regaló a su idolatrada madre. Cuando murió, a su funeral asistieron dos mil personas.

En aquel tiempo, H.P. Lovecraft era un escritor desconocido que solo había sido capaz de publicar en algunas revistas pulp. Este tipo de publicaciones, ya fuera en formato revista o libro de bolsillo, llevaron a millones de lectores las hazañas de detectives y superhéroes, y los horrores de espantosos monstruos. En ellas nacieron, entre otros Tarzán o Conan, y se publicó a autores como Agatha Christie, F. Scott Fitzgerald, Mark Twain o Charles Dickens. Sin embargo, S. T. Joshi, biógrafo de Lovecraft, sostiene que el escritor «preveía el olvido final que alcanzaría a su obra». Sólo de forma póstuma, gracias a la publicación que August Derleth editó a través de Arkham House, sus escritos encontraron su público, alcanzando el estatus de culto del que gozan hoy en día.

Debido a la disparidad de sus vidas y caracteres, puede sorprender que el camino de estos dos personajes históricos se entrelazase. En 1924, los lectores de Weird Tales descubrieron en la portada de la revista una figura familiar junto a la habitual multitud de monstruos, cadáveres y mujeres con poca ropa. En la tapa del número de mayo se adelantaba el título de un relato llamado Imprisoned with the Pharaohs (Encarcelado con los faraones), escrito por nada menos que Harry Houdini. En este texto, el mago narraba su reciente viaje a Egipto, en donde era capturado y encarcelado bajo una pirámide, para ser sacrificado a horribles monstruos de edad desconocida. Con su habilidad característica, Houdini se liberaba y alcanzaba la superficie.

Sin embargo, este fue solo otro truco de prestidigitación. En 1924, Houdini, a quien el propietario de Weird Tales, J. C. Henneberger, había contratado como columnista para impulsar las bajas ventas, apareció con un relato que el mago aseguraba era real. El editor de la revista, Edwin Baird, acudió a Lovecraft para solicitarle que escribiera esta historia para el gran Harry Houdini. Aunque esta no era la primera incursión del mago en la ficción. Ya en 1906, había estado filmando sus trucos, y entre 1918 y 1923 protagonizó y/o produjo varias películas mudas. Aunque estas cintas no se presentan como experiencias propias de Houdini, este apenas intentó disimularlo. Sus protagonistas, que adoptaban nombres como Harvey Hanford o Harry Harper, pasaban la mayor parte del tiempo desembarazándose de camisas de fuerza, liberándose de cadenas, o suspendidos de aviones o acantilados.

Lovecraft escuchó la historia de voz del propio Houdini, donde narraba su secuestro por parte de un guía turístico egipcio y su encuentro con la deidad que inspiró la Gran Esfinge de Giza. Lovecraft no tardó en darse cuenta de que la anécdota era una completa invención. Sin embargo, recibió un buen adelanto por ejercer como negro y escribió la historia con el título Encarcelado con los faraones, que se publicaría en el número de mayo ese mismo año, para deleite de Houdini. No obstante, los aficionados a la ficción de terror conocen esta extraña historia con otro nombre y autoría: Bajo las pirámides, de H. P. Lovecraft. S.T. Joshi, autor de la biografía de H.P. Lovecraft A Dreamer and a Visionary, escribe lo siguiente:

«Lovecraft no tardó en descubrir que el relato era totalmente ficticio, por lo que convenció a Henneberger para que le dejara todo el margen imaginativo posible a la hora de redactar la historia».

Henneberger le concedió esta libertad y Lovecraft añadió ideas propias al relato. Aun así, comprendió que los lectores querrían ver a Houdini, el artista del escape, en el relato. Durante una visita nocturna a las Pirámides, el mago (se sobreentiende que es Houdini, aunque la historia está narrada en primera persona y nunca se cita el nombre del protagonista) será atacado, atado y llevado a las profundidades de un templo subterráneo. A pesar de ello, nuestro héroe no se dejará intimidar. Al mismo tiempo, la historia incluye todas las características del horror cósmico lovecraftiano: objetos y seres espantosos y antiguos que acechan bajo la vida ordinaria, monstruos grotescos, la incapacidad de la mente humana para comprender la terrible verdad, y su conocido estilo descriptivo y sobreadjetivado. Además, durante toda la narración, el protagonista insiste en que la historia que está contando no es real, sino fruto de un sueño. Esta característica encaja a la perfección en el ciclo onírico de Lovecraft que se desarrolla desde 1918 hasta 1932.

En el relato, Houdini y su esposa llegan a El Cairo, pero se sienten decepcionados porque «en medio del perfecto servicio de su restaurante, ascensores y lujos generalmente angloamericanos, el misterioso Oriente y el pasado inmemorial parecían muy lejanos». Una vez que se adentran en la ciudad, encuentran lo que buscan: «en los sinuosos caminos y el exótico horizonte de El Cairo, la Bagdad de Haroun-al-Raschid parecía vivir de nuevo». Lovecraft convoca todos los tropos del Oriente Medio orientalizado: bazares y camellos, tumbas secretas y el olor a especias e incienso.

Encarcelado con los faraones se ha citado como una influencia temprana en Robert Bloch, que es particularmente evidente en su cuento El templo del faraón negro. Aunque el propio Lovecraft se refiere a la esfinge real como un dios de los muertos, Bloch amplió el mito y afirmó que la esfinge de Encarcelado con los faraones era en realidad Nyarlathotep, un dios exterior creado por Lovecraft. La idea de un final retorcido, en el que un terrible descubrimiento se ve agravado por la constatación de que solo es parte de un horror mayor, se utilizó de nuevo en La casa evitada, escrito ese mismo año. En este cuento, el protagonista excava en el sótano de la vivienda para descubrir que lo que creía que era el monstruo del cuento era solo el codo de la bestia.

Sin embargo, el afamado mago y el oscuro escritor tenían más en común de lo que podría sospecharse. Ambos cultivaban una mística sobrenatural (en la que ninguno de los dos creía), y ambos buscaban satisfacer el hambre de emociones de principios del siglo XX. Sin duda, los dos hombres se llevaban bien, lo cual daría pie a futuras colaboraciones. Houdini solicitó a Lovecraft que escribiera un artículo sobre astrología, hoy perdido, e intentó (sin éxito) ayudar al joven escritor a conseguir un empleo en un periódico, presentándole al jefe de un sindicato periodístico.

Durante sus últimos meses de vida, Houdini mantuvo correspondencia con H.P. Lovecraft en relación a un ensayo antiespiritualista en el que pretendían colaborar, junto con el escritor C.M. Eddy Jr. (amigo de Lovecraft y escritor pulp) que iba a titularse El cáncer de la superstición. Lovecraft preparó un esquema detallado de la obra, que se conserva, y Eddy comenzó a escribirlo y completó los tres primeros capítulos. Sin embargo, tras la muerte del mago el 31 de octubre de 1926, su viuda canceló el proyecto, quizás porque ella misma estaba más inclinada a creer en la realidad de los fenómenos espiritistas que su escéptico marido. A esas alturas, solo había una treintena de páginas manuscritas por Eddy.

El manuscrito, del cual solo se conservaba una sinopsis escrita por Lovecraft y su primer capítulo, sería publicado por primera vez en La hermandad oscura y otras piezas en 1966 por Arkham House. Sin embargo, recientemente ha aparecido en un conjunto de antiguos objetos de atrezzo para espectáculos de magia que se conservaban en una tienda de magia, y que pertenecían a Beatrice Houdini, esposa del mago, y a su representante Edward Saint. La casa de subastas propietaria de la colección no conocía la naturaleza del texto hasta que decidieron ponerlo a la venta e investigaron su procedencia. El texto está dividido en tres capítulos titulados La génesis de la superstición (ya publicado en 1966), La expansión de la superstición y La falacia de la superstición.

Para terminar este artículo, me gustaría reseñar un último hecho anecdótico que L. Sprague deCamp menciona en su biografía sobre Lovecraft. Según este autor, Houdini hizo una llamada telefónica de última hora para que Lovecraft acudiera a Detroit en 1926. Este hecho concordaría curiosamente con las declaraciones de Al Hirschfeld (amigo de Harry Houdini) donde aseguraba que recibió una llamada urgente del mago antes de morir.

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