Ritual Román 115: A tumba abierta

por Román Sanz Mouta

Título: A tumba abierta

Autor: Joe Hill

Editorial: Nocturna

Nº páginas: 616

Género: Relatos de horror

Precio: 19,95€ 

En estos magistrales relatos (dos coescritos con Stephen King), Joe Hill disecciona conflictos muy humanos en escenarios fantasmagóricos.

Una puerta que da a un mundo prodigioso y lleno de maravillas se torna sangrienta cuando la atraviesa un grupo de cazadores. Dos hermanos se adentran en un laberíntico campo de hierba alta para ayudar a un niño que pide auxilio entre la maleza. Un camionero se ve envuelto en una sofocante persecución por el desierto de Nevada. Cuatro adolescentes suben a un antiguo carrusel donde cada vuelta tiene consecuencias espeluznantes. Un bibliotecario se pone al volante para llevar lecturas a los muertos. Dos amigos descubren el cadáver de un plesiosaurio en la orilla de un lago, un hallazgo que les fuerza a enfrentarse a la idea de su propia mortalidad… y a otros horrores que acechan en las profundidades acuáticas.

A tumba abierta es una odisea oscura por las complejidades de la condición humana, una danza macabra a la que se ven arrastrados varios personajes muy diferentes y en la que, de manera hipnótica e inquietante, acaban revelando atormentados secretos, fantasías y, sobre todo, sus miedos más profundos. En 2019, Netflix estrenó una película basada en «En la hierba alta» y HBO está preparando la adaptación de «Acelera».

 

DESPIECE DESCARNADO

Venía con sensación rara al afrontar esta antología, pues pese a ser un declarado lector de la obra de Joe Hill (relato, novela, cómic, ¡todo!), Fuego no me convenció, y algún texto de Tiempos Extraños me dejó, a su vez, frío. Pero aquí tengo la impresión de retomar el pulso de Fantasmas, con ideas inesperadas, giros tan absurdos como absolutos, y finales que pueden troncar un cuento de lo más bello y etéreo a lo cruento y viceversas. Pues recuperamos aquí ese Hill sin piedad, cáustico, que estruja sus argumentos para sorprender con las tramas, variadas y variopintas, tanto en estilo (aunque mantenga una línea regular) como en género y voz. Cada pieza ofrecida en esta A Tumba Abierta es un homenaje a la literatura que, como bien dice el propio autor, le ha amamantado para permitirle ser quien es hoy; uno de los grandes. Pero, sin más, vayamos con la valoración de las diferentes ficciones que ofrece esta compilación:

 

  • Acelera (con Stephen King): el primer relato es un homenaje al famoso cuento del maestro Richard Matheson. Tras un acto atroz, unos moteros impenitentes son perseguidos por un camionero del que no conocemos motivos o identidad. Quien pone todo el peso de su enorme máquina para acabar con ellos. Las razones nos serán reveladas en el desenlace, una conclusión metódica y seca, con sabor a pólvora. Un buen cuento y homenaje precioso, aunque me falla en alguna parte de la coherencia (cosas mías, seguro).

  • El carrusel de las sombras: aquí una historia estupenda, bien perfilados los personajes, el diseño de esa feria, la atmósfera de lo terrible por venir, la atracción en la que suben los jóvenes y la procedencia de cada uno de sus elementos… Un error provoca una serie de acontecimientos que acaba de forma fantásticamente cruel. Es afilado y acerado, sin carecer de magia, tanto en su final (y en el segundo final, y en el tercero) como en la concepción a fuego lento. Una de esas historias que se almacenan en la memoria y a la que apetece volver a pasarlo mal. Con visuales espeluznantes. Buf.

  • La estación de Wolverton: aquí, una disrupción con la realidad en un mundo atemporal (quizá distópico o ucrónico o utópico, quién sabe ya diferenciarlos) marca la trama del cuento. Con varias referencias para que te sitúes y a la vez puedas desubicarte. Un hombre. Un tren. Y lo imposible cobra forma con la mayor normalidad. El protagonista debe retener las riendas de su cordura, porque la duda entre mantener la fachada de tipo duro o dejarse llevar por la mayor y mejor de las emociones, le mata. Es parte del origen del miedo. Al final, sucede lo que tiene que suceder, con tono de cuento clásico.

  • Junto a las aguas plateadas del lago Champlain: un ejercicio de realismo mágico que no te permite diferenciar lo cierto de lo imaginado, pues la mente de la niña, que nos enamora, es un maremágnum, y puede convertirlo todo en plausible. Como ese dinosaurio muerto a la orilla de un lago en nuestro tiempo. Y las consecuencias que ello desata para esta especial pequeña y sus amigos, casi tan perceptivos y empáticos como ella. Ojalá conservásemos todo lo que nos hizo grandes de niños. Vaya fábula. Te deja un poso de tristeza e incomprensión que remonta y remite a esa infancia comentada. Porque la vas a añorar. La manera en que veías las cosas entonces.

  • El fauno: tenemos dos cazadores acompañados de dos adolescentes, hijo y amigo de uno de los anteriores, que ansían emociones más allá de las mayores capturas conocidas, sea en junglas, en sabanas o tras hombres. Por ello, y gracias al dinero, consiguen acceder a una instalación exclusiva con una extraña puerta que conduce a otro mundo; un mundo de fantasía clásica donde la materia de los cuentos se torna en realidad. Allí veremos quién caza a quien, predominando la oscuridad. Notables los contrastes entre las personalidades de los protagonistas, que resultan tan interesantes como reveladoras, y se debe quedar atento a los detalles. Veréis por qué. Aunque ese cambio de voz narrativa, de lo más clásico a un vocabulario moderno de repente, pueda desentonar.

  • Apariciones desplazadas: un canto a la nostalgia. Pues un hijo adulto acaba de perder a sus padres, que vivieron cuanto y como quisieron, y decidieron ponerse fin para no padecer las diferentes enfermedades que les condenaban. El hijo los recuerda con tanto cariño que quiere hacer algo por ellos. Así que decide devolver un libro que debiera estar años atrás de regreso a la biblioteca. Allí, inopinadamente, toma el cargo de conductor del bibliobús. Un bibliobús que realiza entregas no solo en la distancia, sino también en el tiempo… Reconozco que esperaba una condena por ese retraso en la devolución, y me he visto desbordado por el texto más bonito de la antología. Emoción a flor de piel que te desmonta. Tierno y hermoso, aunque esperemos algo que salga mal entre tantas buenas intenciones. Excelente.

  • Lo único que me importa eres tú: Iris pugna entre los deseos que tiene y la realidad que sufre en ese mundo de ciencia ficción futurista. Porque hubo un ANTES, con mayúsculas, y antes de ese ANTES ella era como cualquier otra niña privilegiada. Sus padres podían permitirse regalos, prebendas, dádivas. Hacerla feliz. Pero en el después del ahora las diferencias entre ricos y pobres parecen haberse agradado. Su padre apenas respira y se esfuerza dentro de su agonía para ofrecerle cuanto puede y tiene. Su madre ya no está por decisión propia. E Iris, frustrada, interpreta un doble papel entre la realista adulta y la todavía joven caprichosa y llena de fantasías. Porque, ¿cuál es el momento en que la realidad aplasta a la ilusión? Ella se ha quedado atrás, y la infancia duele, siempre duele, el ahorcar la inocencia y no recordar lo que fuimos. Hasta que encuentra a un amigo inusual y arcaico… Hasta aquí puedo leer. Tremendo cuento. Patidifuso me hallo.

  • La huella dactilar: Mal se ha traído de la guerra los traumas y prejuicios, el odio y la violencia que ya viven latentes con ella, en pulsión continua. Y los perpetúa, como buena veterana que se cree con derecho a ello. Entonces recibe dentro de un sobre impoluto una huella dactilar. E iremos comprendiendo su verdad y la certeza de esos envíos, por medio de una historia que clarifica ese pasado bélico y su futuro desde el presente. Un relato duro debido a las certezas de esos retornados, cuya mente ha sido trastornada por lo visto y realizado, cambiando para siempre. La violencia es violencia, y se convierte en un acto normal. Pero la guerra que te has llevado a casa siempre viene a llamarte de vuelta, por sorpresa. Reflejando la realidad de tantos y tantos regresos donde parte de la persona quedó atrás, en esa arenas, torturas, víctimas, balas y crímenes.

  • El diablo en la escalera: un joven que vive en un pueblo elevado al que se accede por sinfín de escalones, tantos como ochocientos veinte, narra su historia de familia sin amor, de educación llena de prejuicios en su micromundo pequeño y religioso. Resulta en una historia sorprendente, siempre arriba y abajo. Su simpleza y egoísmo, junto con los traumas, le obligan al descenso prohibido, pues existen escaleras para todo lugar: playas, cuevas, simas… El niño del último abismo que tiene un regalo para todo el mundo. Me recuerda a otro relato, de similares características, pero no me viene el nombre. Si alguien sabe… Meritorito por lo que perturba y a lo que ayuda esa construcción arquitectónica y visual del texto que emula a tamañas infinitas escaleras. A final, predomina el egoísmo humano, como siempre, como nunca. Y recordad; las escaleras, al igual que los espejos y los pasillos demasiado largos, pueden ser portales a otros mundos.

  • Tuiteando desde el circo de los muertos: ya el título lo dice todo. Relato compuesto por publicaciones de esta adolescente, encerrada con su familia para un viaje de cuarenta horas en la furgoneta, que puede ser una cárcel y que no desea. Privada de su blog personal por la fobia de su madre hacia las redes, que despersonalizan y sustituyen la vida de los jóvenes y no tan jóvenes, en una lucha generacional. Un problema de actualidad que no tiene solución. Pues a través de publicaciones con no más de los famosos 140 caracteres, e imaginando las interacciones a ellos, avanzamos en esa excursión eterna, entre conflictos y complicidades familiares, más lo primero que lo segundo. Hasta que el padre, por carretera secundaria, hace una parada para aprovechar el mundo rural. Y llegan a ese circo descastado. El texto cambia. Nos seduce esa alteración. Magnífico por forma y fondo, con una realidad en desenlace que resulta sobrecogedora, como el truculento truco que usan en el circo. Brutal y desquiciado, aprovechando los nuevos códigos de comunicación para convertirse en un clásico moderno.

  • Rosas: una madre, Rosa, se lleva a su hijo de casa para conocer a sus excéntricos parientes, todos con un historial delicioso de enfermedades mentales congénitas y genéticas; hereditarias. Y también con antecedentes de brujería. El niño se anima. Porque vive en una sociedad fascista y en una casa todavía más fascista (ucronía o no, nos revuelve el estómago). El padre los detiene antes de salir. Utiliza su posición y contactos para separar a madre e hijo. A partir de aquí, la crudeza y la manipulación dominan el texto, tergiversando la verdad de un crío demasiado infantilizado a sus trece años por los poderes fácticos paternos. Y nadie le ayuda. Tampoco cuando la madre fallece. Las consecuencias en la mente del muchacho son indescifrables, pese a su programación, porque no se puede controlar la mente y el corazón de un niño. Sobre todo, a partir de ese extraño encuentro con la vendedora de semillas en la carretera, vistiendo sombrero de paja y sonrisa de joker. Ya permanecemos en tensión por el resto del cuento, sabiendo que todo ha cambiado. Doloroso relato, premonitorio quizá. Realidad en muchos hogares. Triste. Justo. Necesario.

  • En la hierba alta (con Stephen King): Qué decir de este texto que lleva tiempo vagando y que ya tiene incluso su propia adaptación al cine. Pues que el cuento es mucho mejor, más intenso, rítmico, oscuro y profundo que la película. Esos dos hermanos que se adentran en la hierba alta (cuidado, chicos del maíz) persiguiendo la voz de un niño y con la mejor de las intenciones; rescatarle. Una vez en el laberinto vegetal, son piezas que forman parte de un juego mayor, marionetas manipuladas. Porque cambia el espacio tiempo, con reminiscencia lovecraftiana. Si es vuestra primera vez con este texto, a disfrutar. Sin más.

  • Queda libre: otro cuento ya publicado en una antología previa, Por los Aires, y que narra cómo en un avión destino a Boston se reciben las peores noticias. Conflictos previos entre Corea y Estados Unidos han desembocado en la tan temida guerra mundial. Ese y todos los aparatos comerciales en vuelo deben dejar el espacio aéreo libre y aterrizar en el aeropuerto más cercano. Porque el firmamento se llena de cazas, bombarderos y misiles que los aterrados pasajeros ven pasar. ¿Cómo se siente el apocalipsis encerrado a bordo de una caja suspendida en el aire y rodeado de extraños? ¿Cómo gestionan su probable e inminente final? Saltamos de un personaje a otro para ver las reacciones según el origen, el posicionamiento e ideas políticas (pues todo el mundo opina), la vida que han llevado o la esperanza de la misma que les reste. Esto provoca disputas con la tensión, la adrenalina y la desesperación fuera de control. Ese avión es una bomba. Relato de perspectiva, una ficción que pudiere no ser tan lejana, y donde vemos lo más bonito y también lo más miserable del alma humana. Pero a su vez, asistimos a reconciliaciones, despedidas y recuerdos emotivos. Un cierre adecuado para la colección.

 

Pueda parecer que soy excesivamente exigente con Joe Hill, pero siempre espero lo máximo de él, porque saca mi mejor aspecto como escritor, me desafía a crear nuevos mundos y terrores a su altura; una relación evidentemente unidireccional. Pero eso me impulsa, y como tal, quiero leer algo que jamás haya contemplado. ¿Qué tenemos aquí? Quizá no aspira a tanto, pero… Fantasía, delirios, ciencia ficción, improbabilidades, monstruos, fantasmas, leyendas, y un miedo puro, sin cortar, ya sea por la trama o por el cierre del cuento, que te descerraja un tiro en la sien. Esta colección ha sido bien escogida y condensada, ya que muestra crueldad por los cuatro costados del libro (que quizá tenga alguna dimensión más o conduzca a otras). He de destacar que me he encontrado algún inesperado fallo o errata (no muchos y solo en el primer tercio del volumen, pero resalta por el cuidado habitual que nos ofrecen) que, si bien no disturban la lectura, se dejan ver.

Inciso: hay un gesto que admiro de Joe Hill (y de otres que actúan similar) y es gastar su tiempo para ofrecer el cómo se hizo, en este caso, de cada relato. Lo que pretendía conseguir, su inspiración, el proceso, la intrahistoria. Está lleno este complemento al final de la novela con detalles, matices y aprendizaje. La sinceridad del escritor. Nos gusta saber cuál es el origen de las perturbaciones que acabamos de padecer. Y le agradezco por ello.

En resumen, esta antología se parece más a Fantasmas que a su predecesora, para bien, y recupera la esencia del mejor Hill, esencia no perdida en sus nóvelas gráficas, que se cuentan por muchas. Ya anhelo su siguiente publicación, saber qué sacará de esa chistera ignota y nefasta que él llama cabeza. Bravo.

 

Pd: esas ideas, esos giros, esas tramas retorcidas. Envidiable. Vuelve a despertar mi gen competitivo para crear algo mejor, más terrible… Pronto noticias.   

Pd II: vaya viaje…  

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