EL BÁRBARO Y LO TRIBAL EN LA FANTASÍA

por Carlos Ruiz Santiago

Cuando no sabéis algo, ¿a quién consultáis? Seguro que os habéis visto en esa situación, el estar en una de esas múltiples encrucijadas en las que la vida, astuta como una pantera, nos coloca. ¿Qué hacéis vosotros en esas situaciones? Yo siempre lo he tenido muy claro: yo me pregunto qué haría Conan.

Conan, por Frank Frazzeta

Una elección curiosa, tal vez podréis estar pensando. A fin de cuentas, ¿qué es Conan sino un bárbaro? No es más que un loco incivilizado con una espada que mata a los cuatro cruentos villanos de turno y se queda con la chica, ¿no? Un bárbaro, despeinado, medio desnudo y sanguinario. Un salvaje que solo funciona en su contexto narrativo, fantástico y simplista.

Pues sí.

Solo que no del todo.

Como el mismo cimmerio diría: «Los hombres civilizados no son tan corteses como los salvajes, porque, en general, saben que pueden mostrarse groseros sin que les partan el cráneo.»

Multitud de veces nos olvidamos de quién es Conan, de lo que de verdad representa, muy influenciado para la opinión popular, por desgracia, por la película de John Millius sobre nuestro icono favorito de la espada y brujería. Es una gran película, no os engañéis, una magnífica aventura llena de carisma, pero Schwarzenegger nos presenta a un espectro simplista del cimmerio. Porque Conan está destinado a ser rey, pero no porque tenga sangre real ni ninguna estupidez del elegido. No, nada de eso, Conan está destinado a ser rey porque es el mejor para ello. Es un hombre fuerte y decidido, con un sentido de la justicia muy literal pero, en cierto modo, más acertado que el de las civilizaciones, llenas de burocracias y papeleos interminables, de corrupción política y ladrones de guante blanco.

Recuerdo leer aquella escena en la que Conan trata, con mucha calma, de explicar a un juez que su amigo mató a aquel guardia de la ciudad porque este trató de abusar de una chica que a él le era muy querida. El juez se puso a despotricar de cárcel, horca y deberes ciudadanos y Conan, al ver que no podía tratar con aquel hombre como un ser humano normal, se hizo con una espada y se la hundió en el cráneo. Y ahora vosotros os preguntaréis a qué viene todo esto. Pues a que esto es el mundo tribal en la fantasía. Con sus peros, mas eso lo miraremos luego.

El mundo tribal en la mayoría de obras fantásticas bebe del personaje de Robert E. Howard. Hay que entender las referencias, Howard era una persona que despreciaba el concepto de civilización, que no el de orden, tal y como lo comprendemos nosotros. Lo dice muy claro en obras como Los Gusanos de la tierra, donde muestra un cierto rechazo a los romanos por la enorme empatía que los barbáricos y tribales pictos le despertaban, con esa lucha encarnizada y esa resistencia contra el conquistador que él veía como una triste épica. La imagen del bárbaro, ya no la de Conan, es una representación de libertad por encima de todo, de ese bien supremo por encima de unas nociones civilizadas que solo lo corrompen todo, aplastando todas esas leyes minuciosas que a veces nos hacen rechinar los dientes porque evitan que los malos reciban su merecido en el mundo real. Quizás el mundo en el que este tipo de personajes vive es más brutal que el nuestro, quizás tiene menos comodidades, o fantasías de las mismas, pero es más sincero.

Bran Brak Morn, protagonista de Los Gusanos de la tierra, ilustración de Frank Frazzeta

Ahí yo creo que anda una de las claves. Es más directo, no hay medias tintas, todo es claro y es justo en esa simplicidad. Tal vez se trate de una justicia brutal, un mundo donde todos viven en el todo o nada, pero al menos no se retuercen en una mentira que, en vez de matarlos, los va desangrando poco a poco, tal y como a mucha gente le pasa en nuestra avanzadísima civilización.

Esa es la imagen que este tipo de personajes va desgranando de la sociedad en la que vivimos, algo así como un parásito chupóptero que no hace más que limitarnos y envolvernos en capas y capas de formalismo y conductas que todos aceptamos sin saber muy bien por qué. Otro ejemplo, para que vayáis siguiéndome: los salvajes de George R.R. Martin en Canción de Hielo y Fuego. Son brutales, son desarrapados, no hablan bien, no saben escribir, son unos asesinos y unos salteadores. Entonces, ¿por qué empatizamos tanto, ya no con ellos, sino con su causa? Porque tienen igualdad entre hombres y mujeres, porque su situación es injusta, porque sus reyes los deciden ellos y no una línea de sangre centenaria. Porque, detrás de toda la sangre, las pieles curtidas y los aspectos malolientes, vemos cierta justicia en sus acciones. Tal vez podamos verles fallos o no respaldar sus métodos, pero eso no les quita toda la razón, ¿verdad?

Siempre ansiamos lo que no tenemos y, aunque vivamos con unas comodidades que nuestros antepasados no podrían ni soñar, con unos lujos que nosotros normalizamos, al mismo tiempo sentimos una especie de añoranza por unos tiempos más sencillos y directos. Es una especie de dicotomía entre un ideal pasado y un futuro que, si bien podemos llegar a creer mejor para una mayoría, nos desagrada de algún modo, ya sea por sus constantes subterfugios o por los grises que cubren nuestra realidad blanquinegra. Nos sentimos como Don Fabrizio en El Gatopardo, que no quiere cambiar aunque lo haga, sabe que es lo mejor para el conjunto pero él ansía unas cosas ya pasadas. Estamos en ese mismo punto, por eso empatizamos con estos bárbaros sanguinarios, porque en ellos hay una lógica mucho más pura, no mancillada por las arteras triquiñuelas de la sociedad y el dinero que a ellos poco o nada les importan.

Si os fijáis, es el canon de muchísimos otros bárbaros de la literatura fantástica: desde Gotrek Gurnisson a Fafhrd, pasando por Logen Nuevededos, todos siguen ese marco de prioridades y valores tan diferentes al nuestro y que tanto nos atrae.

Aunque no todo serán bondades para nuestros amigos tribales. A los escritores de fantástica nos suele pasar que vemos con cierta añoranza, no me importa decir que incluso idealización, tiempos más antiguos. El más común es el medievo, pero las épocas más tribales no serían excepción. Por ello me parece muy interesante cómo algunos escritores, sin abandonar estas ideas y estos conflictos entre civilización-barbarie tan interesantes, tratan también una visión más realista y cruda de lo que es todo esto.

Ahora, el ejemplo más claro que se me ocurre es todo el viaje de Karsa Orlong durante ese gran trecho inicial en La Casa de Cadenas, de la saga de Malaz: El libro de los caídos. Erikson, el escritor, comentó en cierta ocasión que todo el libro va de cadenas. Algunas son muy literales, como esclavitud o ciertos temas de la trama que no vienen al caso, pero otros son más ideológicos. En este trecho que os contaba conocemos a Karsa, un bárbaro inmenso de una tribu bárbara perdida en unas estepas desérticas. Este se embarca en un viaje contra la civilización que no acaba del todo bien. En este viaje vemos dos cosas principalmente que son muy interesantes a la hora de aportar a esta figura del bárbaro tribal en la fantasía.

Karsa Orlong, por Shane Cook (slaine69)

La primera es que el camino del bárbaro también está plagado de cosas, podriamos decir, desagradables: asesinatos sistemáticos, matanzas injustificadas, violaciones y cosas terribles. No es raro que, leyendo esa parte, tengas que detenerte un momento a asimilar lo que estás leyendo. Erikson es arqueólogo y demuestra una fidelidad que casi podríamos catalogar de histórica cuando narra la historia de Karsa. Es muy sencillo idealizar un tiempo del que nos separan siglos enteros, con la memoria atrofiada y alimentada por historias más que inventadas, al final tendemos a olvidar que los tiempos duros suelen traer con ellos actos atroces, y eso no excusa a la figura del buen bárbaro que habíamos montado hasta ahora, incuestionable en sus actos.

Erikson para nada es el primero que le da una vuelta de tuerca al concepto de Howard y su Conan, pero sí es el que a mí me parece que lo hace de una manera más clara. Y fijaos que he dicho una vuelta de tuerca, porque los elementos básicos siguen ahí: esa confrontación entre civilización-mundo tribal que saca a relucir todos los horrores de la supuesta civilización superior, esos valores secos y brutales pero justos en cierto modo; todo esta ahí, solo que con una capa más de profundidad que la fantasía adulta abraza, aunque pueda llegar a ser verdaderamente incómodo.

El otro punto que resulta interesante es el tema del mundo. Hasta ahora hemos hablado mucho de personajes, de motivaciones y demás porque, al fin y al cabo, es el esqueleto mismo de lo que es el tribal en la literatura fantástica. No obstante, no hemos hablado del mundo, contexto de estos personajes. Erikson usa una estrategia muy interesante para mostrarnos esas diferencias. Karsa dice que va a matar niños, lo dice todo el rato, pero no te enteras hasta pasadas sus buenas cien páginas que esos niños son personas normales, solo que Karsa y los suyos son tan grandes y corpulentos que nos ponen ese apelativo como mofa. La cultura modifica nuestra manera de pensar, nuestra manera de ser, porque todos estos rasgos de personalidad, de esos férreos valores, no serían nada si no fuesen criados en una sociedad, que no civilización, concretas. Para explicar bien esto me voy a valer de una novela llamada Máscaras de matar.

Bruja gargal de Máscaras de matar, por Enrique Castro

Esta joyita la escribe León Arsenal, un autor mucho más acostumbrado a la historia que al fantástico, así que nos regala una fantasía de corte enormemente tribal, muy rica en ambientación. En esta sociedad todo está liberado de nuestras taras civilizadas: los desnudos están generalizados porque, en el clima cálido por lo general, no es necesaria tanta ropa, hay una sensualidad perenne inherente a cada movimiento, un salvajismo y honor personal muy sincero y con tanto peso que llega a mover un buen trecho de la trama. Arsenal nos presenta este mundo y nos interna en él. Salvo por un pequeño personaje secundario (muy secundario) realmente no hay contraste alguno entre civilizaciones, aquí nos hundimos en el mundo tribal y creo que es interesante porque ayuda a ahondar más en lo que es esa visión tan diferente de ver el mundo. Es menos contraste y más porqués. Y no son explicaciones ni nada por el estilo, son experiencias y vivencias, sin exposición artificiosa. Todo el mundo vive allí desde que nació y se te va a narrar la historia con lo normalizado que lo puede tener alguien así, hasta el punto de que llegas a sentirlo como tuyo sin perder esa fascinación de ver un mundo nuevo.

No tantas veces tenemos la oportunidad de ver a un mundo tribal fantástico funcionar consigo mismo, con toda esa sensualidad y violencia desbordantes funcionando como algo más que un contraste con la civilización más avanzada. Como decía un amigo mio: la sangre es la más roja, la hierba la más verde y las mujeres las más hermosas. Y es algo que se ve muy claro en arte, como las imágenes que os he puesto al principio, del insuperable Frank Frazzeta. Es una especie de exageración del todo para contar una realidad más sutil.

Hablar del mundo tribal a lo largo de la interminable historia de la fantasía no es sencillo, pero yo he tratado de desgranároslo a través de unas cuantas obras, cual pilares que representan con obviedad lo que para mí es: una justicia de blancos y negros más pura, una sensualidad y violencia descarnadas, unos puntos oscuros y, tal vez, un exceso de añoranza idealizada de tiempos que no recordamos.

El bárbaro es una figura normalmente enigmática, que nos atrae con una especie de pasión animal y contenida. Quizás no sea del todo correcto, quizás malinterpretemos cosas, pero yo creo que es importante. Nos recuerda que nuestra sociedad no es perfecta, nos recuerda realidades a veces crudas, pero siempre realidades.

A veces, está bien recordar nuestro lado animal.

2 comentarios

FRANKY
FRANKY junio 21, 2020 - 5:51 pm

Amigo, te diré que desde hace muchos años llevo tatuada esta frase que sin duda conoces, junto al dibujo de una enorme hacha de guerra: “by this axe I rule”. Mi ánimo eminentemente bárbaro me mete a menudo en líos antisociales en la sociedad, porque yo soy bárbaro: Robert también lo era, y si no dejamos salir a la bestia de tanto en tanto, nos bajamos del coche y sacamos los puños a bailar o bebemos hasta caer desmayados, o cualquier sano exceso de estos, si no barbarizamos un tanto, acabaremos en la lista de los suicidas junto a Robert. Barbarie literaria, melancolía vital, creo que van juntas, o son acaso atributos míos y los extrapolo a un posible “otro” entendedor del bárbaro. No sé. Bebamos, robemos, matemos.

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Carlos Ruiz Santiago
Carlos Ruiz Santiago junio 21, 2020 - 10:19 pm

Totalmente de acuerdo. De vez en cuando nos viene bien recordar que todas las normas de la sociedad funcionan porque todos las aceptamos y nada más.

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