Relato: TESTIMONIO DE UN CONFINADO (Aldebarán de Canis)

por José Luis Pascual

No encuentro solución a la ecuación de la realidad, en donde lo tangible le quita todo valor a lo intangible una vez que descubres su naturaleza. Pues aquello que denominamos espíritu solo es producto de mecanismos complejos que no son más que conjuntos de materia y energía que funcionan a un mismo ritmo, a un mismo patrón y objetivo, como si se tratara de un mago que le dice a su público que su magia es auténtica y verdadera, pero, en realidad, esa magia es producto de un sistema que se halla oculto, aquello a lo que llaman truco, pues es eso, un simple truco hecho con simples cosas materiales cuyo propósito es ilusionar a su espectador e, incluso, a su propio portador.

Estas y muchas otras cosas son en las que pienso constantemente. Antes de dormirme, me quedo mirando el techo, con mi subconsciente perdido en el abismo de lo existencial. Mis marcos depresivos son cada vez más severos y mi provisión de drogas para soportar la endeble realidad se está agotando.

Han pasado más de seis meses de este confinamiento. Encerrado en mi lúgubre madriguera, en donde no hago más que leer y escribir sobre cosas horribles y extrañas. En medio de una soledad perversa, me hallo en un posible estado de delirio. Siempre embargado por un sentimiento de premonición, como si sintiera que algo grande y colosal se acercara minuciosamente para envolver al mundo y dejarlo en eternas tinieblas.

Me siento como un sonámbulo durante lo que es, posiblemente, el día, aunque no estoy seguro de si lo que veo es la tenue y difusa iluminación del sol de los malsanos días que traspasa hasta los recintos de mi propiedad, pues ya no distingo los parámetros de la realidad; todo se vuelve un revoltijo vertiginoso de significados sin sentido, en donde la incertidumbre se vuelve grande y prolongada, como cómplice de otras nuevas sensaciones surgidas por algo que he descubierto, algo que se relaciona probablemente con el final de los tiempos.

Este descubrimiento lo hice cuando, sentado en mi vieja computadora, estaba navegando en un foro muy singular. Un tipo de plataforma creada para escribir tu experiencia durante la cuarentena. Y mientras estaba leyendo la infinidad de testimonios escritos en mi idioma, me di cuenta de que ciertos fenómenos que me han ocurrido desde hace ya varios meses también las comparto con una desorbitante cantidad de personas a lo largo del mundo. Comparto el hecho de soñar cosas grotescas de manera prolongada, durante todas las noches, como una cadena sucesiva que aparenta ser de largo plazo.

Pues, cuando duermo, me acuden pesadillas en las que solo se vislumbran atmósferas postapocalípticas. Sueño con ciudades desoladas y demacradas, con cadáveres esparcidos por el pútrido asfalto, con edificios siendo devorados por enormes larvas, gordas y monstruosas, y en donde escucho aquellas misteriosas letanías ensoñadoras y oscuras. Y por todo lo que he leído en este foro, miles de personas están soñando también con estos mismos paisajes, como un tipo de pesadilla colectiva a lo largo de todo el mundo. Así, hay algo mucho más inquietante en torno a todo esto que se está suscitando, pues, en estos sueños, compartimos el mismo elemento: nosotros hemos soñado con la misma cosa, aquella cosa semihumana que se pasea desnuda por estos paisajes, dando alaridos y chillidos grotescos; todos nosotros hemos soñado con la mujer de piel negra, cuya piel es tan oscura como los abismos del cosmos, un ser carente de ojos y de cabello, el aspecto enfermizo de la muerte encarnada en forma femenina.

Al principio, cuando leí estos testimonios, un escalofrío traspasó mi espina dorsal hasta llegar de golpe a mi estómago, pues es como si alguien hubiera escrito mis sueños al pie de la letra, con cada detalle, describiendo cada una de las macabras imágenes que he vislumbrado durante mis periodos de aletargamiento. Y al enterarme de esto, me ha pasado lo mismo que a muchos de los que también han estado conviviendo en este particular lugar de internet; me he sentido más trastornado, con sensaciones de temor hacia algo que se acerca.

Escribo estas palabras en un estado de extremo nerviosismo. He estado viendo cosas, escuchando voces que me hablan sobre el fin de nuestra especie. En mi cabeza resuenan esas letanías proféticas, que se mezclan con el sonido de algo grande, algo grande que palpita y que se expande, como una enfermedad mortal.

Extraño muchas cosas que ya no podremos hacer mientras siga este pandemónium de locura y muerte. Días que se han tornado extraños, en donde mi realidad se trastorna con visiones que no sé de dónde provienen. Ya no sé si todo lo que me rodea es real, no sé si son alucinaciones porque no he ingerido alimento durante días, no sé si me encuentro dormido y esto es simplemente una pesadilla. Necesito comprobarlo, no puedo soportar un segundo más en esta existencia en donde todo se torna confuso. Oigo la dulce voz de mi madre, pero solo son deprimentes recuerdos vívidos del pasado, pues mi madre ahora está muerta, murió por causa de tan espantosa enfermedad, al igual que la poca familia que me quedaba.

La cuerda yace colgada en el cable de mi deteriorada bombilla, un pequeño banco espera que me pare sobre él, así que termino este testimonio, una simple carta de un imbécil al que la vida le arrebató lo que más le importaba en el mundo. Espero que alguien entre a la habitación y encuentre este manuscrito junto con mi cadáver putrefacto, después de un largo periodo de confinamiento.

Y quiero que sepan que el fin está cada vez más cerca.

Aldebarán de Canis

Aldebarán de Canis (México, 2004). Escritor de artículos y relatos, y colaborador en muchos foros en internet que divulgan la literatura. Creador del blog "Biblioteca de Horrores", famoso en la lengua hispana por difundir el género de fantasía y horror. La extrañeza de sus letras lo ha vuelto famoso entre los escribas contemporáneos de lo ominoso. Director de la revista "Horror es" y cofundador del círculo de escritores "El club de los horrores" dedicado a la creación de nuevas inventivas de escritura con el objetivo de crear miedo a través de las letras. También escribe bajo el seudónimo de Peter Blocho.

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